En la Fuerza Aérea siempre mantuvimos una buena relación con los
compañeros de Tropas Especiales del MININT. Ellos utilizaban
nuestros servicios para el lanzamiento de los paracaidistas en
sus prácticas, cuando necesitaban algún helicóptero se lo
proporcionábamos o, como sucedió al principio de la guerra de
Angola, nuestros aviadores movían a los hombres de Tropas
Especiales de una punta a otra del país, jugándose el pellejo
junto con ellos. Este tipo de relación fortaleció esa amistad
aún después que algunos de sus principales oficiales y jefes
pasaron a otras funciones más importantes.
En otras oportunidades fuimos nosotros los que tuvimos que
recurrir a ellos para que nos dieran una mano con algunos de sus
bien entrenados hombres. Este fue el caso de la recuperación de
la “caja negra” de un MiG-23 en que había perdido la vida el
Teniente Coronel José Febles al sur de la Playa Tomate, muy
cerca de Batabanó, cuando en un viraje a muy pequeña altura
metió la punta del ala izquierda en el agua y se estrelló. Toda
esa región muy cenagosa hacia extremadamente difícil localizar y
extraer la caja negra que nos ayudara a descifrar que había
ocurrido.
En esa época mi amigo Tony de la Guardia había pasado ya al
departamento MC, y entre las empresas que controlaba estaba “Carisub”,
integrada por los mejores buzos con que contaba Tropas
Especiales, dedicada a la búsqueda de tesoros en el Caribe. Lo
llamé explicándole la situación que teníamos y al día siguiente
estaban en la base aérea de San Antonio de los Baños los buzos,
que antes de las 48 horas nos entregaban la famosa caja negra.
Hago esta corta introducción para que se tenga una idea del
grado de camaradería y cooperación existente entre ambas
instituciones militares.
En una ocasión se nos ocurrió hacer una comprobación a la
disposición combativa del dispositivo de protección de los
aviones de combate en tierra. Tony me había contado cómo ellos
habían preparado a un comando salvadoreño para que penetrara en
la Base Aérea de Iolopango, en El Salvador, logrando volar con
explosivos varios aviones de combate. Pensando que eso mismo
pudiera ocurrir en nuestras bases, se preparó un ejercicio
sorpresivo, donde un grupo similar de nuestras tropas especiales
penetraría en la base aérea de San Antonio de los Baños y,
después de someter a las postas cubanas, simularían ejecutar la
acción.
En aquel entonces, durante la noche, cada dos refugios de
aviones se situaban postas móviles con soldados del servicio
militar general armados con fusiles AKA 47.
La comprobación se llevó a cabo sin problema alguno. No nos
sorprendió en lo absoluto que los comandos de Tropas Especiales,
con sus rostros pintados de camuflaje y su vestimenta idéntica a
los comandos norteamericanos, desarmaran a los soldados del SMO,
actuando uno por detrás, poniéndole un cuchillo en el cuello,
mientras otro de frente le arrebataba el fusil.
Lo que si nos dejó estupefactos fue lo que dijeron aquellos
jóvenes soldados a los “yanquis” agresores:
“¡No nos maten, coño, que llevamos ni se sabe qué tiempo
esperando por ustedes!”
No exagero, ni es mi intención ridiculizar la integridad de los
militares cubanos. Yo lo fui por treinta años, y presencié actos
muy valientes y heroicos en la guerra de Angola, donde incluso
hombres cercados por agrupaciones enemigas pedían a los
lanzacohetes múltiples BM-21 que hicieran fuego sobre sus mismas
posiciones, al estar combatiendo prácticamente cuerpo a cuerpo.
Pero el episodio que acabo de relatar sucedió exactamente así, y
sería injusto omitir un acontecimiento que por duro y
desmoralizante que resulte merece un profundo análisis; que
dicho sea de paso, no se hizo en aquella oportunidad, y en su
lugar fueron sancionados severamente el Coronel Arnaldo Torres
Biart, jefe de la base aérea, el sustituto para el trabajo
político, y otros oficiales.
No estamos hablando de la difícil época del periodo especial, ni
de la situación de desesperanza que envuelve a toda la juventud
cubana hoy en día: estamos hablando en pleno reinado de las
“vacas gordas”, donde la ininterrumpida tubería de todo tipo de
subsidio proveniente de la URSS y sus satélites estaba a
tutiplén.
Sin ningún ánimo tampoco de defender al jefe de la base aérea y
demás oficiales con mando que fueron sancionados a rajatabla por
ser los jefes máximos de la unidad militar, la medida fue
tremendamente injusta, pues los jefes nunca han sido los que
eligen que reclutas van a servir en sus unidades, por muy
sensitivas e importantes que sean, como la principal base aérea
del país. Ni nunca ningún jefe de unidad militar lo hará, porque
sencillamente siempre han sido los oficiales de la
Contrainteligencia militar (CIM) los que han hecho estas
selecciones, pasando por un “extrafino filtro” a los jóvenes
destinados a este tipo de unidades.
La selección realizada por la CIM nos dice a su vez que dichos
jóvenes eran hijos de familias “revolucionarias”, que sus padres
estaban “integrados”, que no tenían ninguna creencia religiosa,
y que sus amistades eran también jóvenes confiables, porque le
revisan hasta el día en que dan los primeros pasos.
Y por si alguien piensa que exagero les citaré solo un ejemplo
entre muchos, el del piloto José Luis Trelles, graduado en la
promoción de Krasnodar en la URSS como piloto de MiG-21 en 1968,
con medalla de oro y primer expediente. Fue bajado de vuelo
definitivamente cuando la CIM descubrió que sus padres le habían
sacado pasaporte cuando era un niño de tres años de edad. (Los
padres de Trelles nunca llegaron a emigrar).
Me surge una lógica interrogante: ¿por dónde estará la
disposición y moral combativa en esta etapa involutiva de toda
la sociedad cubana, si hace más de 26 años ya aquellos reclutas
estaban esperando a los “yanquis” agresores, no precisamente
para enfrentarlos?
Las fuerzas armadas como conglomerado humano dentro de esa
sociedad en regresión también se detienen y retroceden en todos
los órdenes: tecnológico, político, económico y moral. Y me
consta que empeora por día.
En una era donde ya los países más avanzados desarrollan
aceleradamente la guerra robótica, donde las computadoras ocupan
un primer plano en la planificación y ejecución de las acciones
combativas, las FAR se consumen en el canibalismo tecnológico
para poder mantener operables armamentos obsoletos, puestos en
servicio hace más de medio siglo.
Los tanques T-55 comenzaron a rodar sus esteras en la URSS en
1955, hace 57 años; el T-62, hace 50 años; y lo más moderno, el
T-72, ya tiene 40 primaveras. Con estos tarecos ni siguiera se
puede contener una insurrección popular armada solo con fusiles,
como se está demostrando ahora en Siria.
He puesto como ejemplo solo los tanques por ser un amasijo de
hierros, con más posibilidades de duración, aunque sean un tiro
al blanco en el terreno. De la aviación y las tropas coheteriles
antiaéreas, totalmente obsoletas, es mejor ni hablar:
prácticamente ni existen.
Todo esto lo saben perfectamente los militares cubanos, que se
sienten tan o más oprimidos que el resto de la población, y
optan por el recurso de la doble moral con que el pueblo esconde
sus verdaderos sentimientos. ¿Los embargará el sobresalto y la
angustia, como nos ha sucedido a muchos altos oficiales a medida
que pasa el tiempo y continúan viendo cómo los que han destruido
la nación pretenden eternizarse en el poder, sin propiciar una
salida honrosa al desastre que crearon en medio siglo de
disparates?
Difícil tarea la de los gobernantes cubanos: el tratar de
convencer a la joven oficialidad de las fuerzas armadas que,
siendo nuestro país una isla sin fronteras, sin litigios de
mares territoriales, sin recursos naturales, con más de once
millones de habitantes en la más completa miseria, exista una
potencia extranjera con intenciones de hacerse cargo de esas
penurias. ¿Podrá el gobierno cubano convencerlos que viren sus
armas contra el pueblo cuando los efectivos del Ministerio del
Interior sean incapaces de contener la ira popular?
En los últimos años he tenido la oportunidad de visitar y
conocer de primera mano las experiencias que muchos de mis
amigos, que fueron oficiales y jefes del desaparecido Pacto de
Varsovia, y con los que compartí las aulas de las academias
militares de la extinta Unión Soviética, me han hecho saber
sobre la transición de sus respectivos países hacia la
democracia. Curiosamente, en ninguno de ellos, absolutamente en
ninguno de ellos, los regímenes comunistas que imperaban
pudieron convencer a las fuerzas armadas para que reprimieran al
pueblo, cuando la policía y los órganos de seguridad del Estado
se vieron imposibilitados de contener las demostraciones
populares.
Aquellos gobiernos y partidos únicos llegaron a perder tanta
legitimidad que, por ejemplo, cuando la dirigencia golpista
contra Gorbachov en la URSS le ordenó a la División Blindada
Tamánskaya, encargada de la defensa de Moscú, que penetrara en
la ciudad para apoyarlos, el pueblo montó en sus vehículos
blindados y abrazándose a los militares iniciaron el principio
del fin de la gran pesadilla comunista.
¿Habrá hoy en Cuba oficiales como el mayor Evdokímov, jefe del
batallón de tanques de la División Tamánskaya, que había
recibido la orden de rodear la “Casa Blanca”, donde radicaba el
parlamento de la Republica Socialista Federativa Rusa, desde
donde Boris Yeltsin se enfrentaba a los golpistas ultra
reaccionarios del Partido Comunista? ¿Habrá oficiales como éste,
que sin vacilar declaró su lealtad a Boris Yeltsin, poniéndose
al lado del pueblo, permitiéndole trepar a uno de sus tanques
para que se dirigiera a la multitud y a toda Rusia por la
televisión estatal? Por supuesto que los hay.
¿Aceptarían oficiales y soldados del SMG ver al pueblo cubano
subir a sus tanques y colocar un clavel en los cañones de los
fusiles, como ocurrió en Portugal cuando la feroz dictadura de
Marcelo Caetano sacó las tropas a la calle para reprimir al
pueblo? Por supuesto que lo aceptarían.
Para la oficialidad de las fuerzas armadas, cuya mayoría está ya
integrada por hombres nacidos después de 1959 y para esos
reclutas de hoy nacidos mucho después del comienzo del fatídico
“Periodo Especial”, indudablemente habrá un día después, como lo
hubo en toda Europa del Este.
A pesar de las marcadas diferencias entre culturas, costumbres e
idiosincrasias, entre rusos, portugueses, alemanes o rumanos, a
la hora decisiva, de la verdad, todos se pusieron al lado del
pueblo.
Lo mismo el soldado alemán que soltó el AKA-47 y tomó la
mandarria para, junto a sus compatriotas, terminar de derribar
el muro de Berlín, que el jefe del batallón de tanques que
invitó a Yeltsin a que subiera en uno de sus vehículos, que los
hombres del mayor Otelo Saraiva de Carvalho en el cuartel de la
Pontinha, en Lisboa, o que los militares rumanos que el 25 de
diciembre de 1989 juzgaron y condenaron a muerte a Nicolae y
Elena Ceauşescu. Todos se pusieron al lado de sus pueblos.
Desgraciadamente la élite aferrada al poder en Rumania no tuvo
la visión de que les llegaba el final, y tuvieron que pagar muy
caro la tozudez.
Los cubanos que, aunque quizás no rompamos los records de las
intolerancias, sí tenemos un prominente puesto en los primeros
lugares, deberíamos aprender de estas lecciones.
Si algo nos ha hecho tanto daño en toda la historia de nuestra
nación ha sido el falso concepto de “salvar la cara” ante la
necesidad de corregir nuestros propios errores. La intolerancia
ha derrotado siempre al arte de la negociación, y cuando se
fracasa, la culpa se les achaca a otros, o se buscan chivos
expiatorios para explicar los desaciertos.
Cuando los fracasos son rotundamente incuestionables, se le echa
mano al recurso de que hemos estado en la vía justa y correcta
de proceder, solo que “se necesita actualizar el modelo”.
Mientras el país continúa cayéndose a pedazos sin ningún atisbo
de posible recuperación, utilizando las bases corroídas en medio
siglo de fracasos, permanece en pie el complejo de leyes,
decretos y disposiciones que son la antítesis de cualquier
posibilidad de avance.
No es necesario extendernos en explicar porqué. Ellos lo saben y
lo sabe el mundo entero.
Sin embargo creo que tienen en sus manos una última posibilidad
de ejecutar lo que es necesario, y a la vez “salvar la cara”,
ese maldito complejo que troncha cualquier posibilidad de
negociación y avance.
El gobierno cubano suscribió el 10 de diciembre del 2008 el
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales, y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos. Solo falta su ratificación por parte de la Asamblea
Nacional del Poder Popular. Si esto se hace con toda la seriedad
y responsabilidad que merece, automáticamente se puede ir
desmantelando todo lo que contradiga dichos acuerdos. Nuevas
leyes, por lo general, contravienen a las viejas.
La primera oportunidad de salvar al país la tuvieron cuando
desapareció el mundo comunista.
La segunda cuando el comandante se dio el autogolpe de Estado,
cambiando la constitución.

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