sábado, 5 de enero de 2013

LABERINTO

                                Una “bodega” cubana, llena de lemas revolucionarios
                                               pero con los anaqueles vacíos.


Hasta ahora, durante décadas hemos visto que el debate de cómo restablecer en Cuba un estado de derecho y una democracia duradera se ha centrado en los dos extremos de “mantener el embargo comercial” para no dar oxígeno al régimen hasta que legalice partidos políticos y emprenda reformas hacia un estado de
derecho y una legítima democracia o “levantar el embargo” para quitarles el pretexto de plaza sitiada y de infeliz víctima del Imperialismolegalizándose las visitas de ciudadanos norteamericanos a la Isla para que, mediante el contacto persona a persona, se influya al pueblo cubano en la necesidad de cambios democráticos y el establecimiento de un estado de derecho. Ambos criterios divergentes van precedidos de otras variadas argumentaciones que por extensas no vamos a enumerar en su totalidad.
Sin embargo, nunca he escuchado explicaciones objetivas de la justeza del embargo y que las hay de sobra. Por lo general cuando se aborda este tema todo queda en que “se legalicen partidos políticos y se convoque a elecciones libres” lo que por lo menos a mí me deja más bien un amargo sabor de imposición, prepotencia y tutelaje que en nada ayuda a la transición y que más bien la obstaculiza.
En los antagonismos, especialmente en los políticos y en sociedades culturalmente intolerantes como las que heredamos de la colonización española con todas las secuelas de despotismo, terquedad, arbitrariedad e intransigencia, una exposición mesurada, clara y objetiva de los razonamientos es más convincente que la imposición.
Creo que Estados Unidos tiene en sus manos el instrumento idóneo para acelerar una transición hacia la democracia en Cuba si aborda la cuestión de la forma que debe hacerse y que llegue a la comprensión no solo de la dirigencia de ese país sino de todos los cubanos en general dentro y fuera de la Isla. Digo dentro y fuera de Cuba porque la mayoría desconocen los fundamentos morales y de justicia en mantenerlo y que no tiene nada que ver con el “Si no haces esto o lo otro el embargo se mantiene”.
Si analizamos esta cuestión a través de un prisma totalmente económico y despolitizado se puede afirmar que levantar las sanciones económicas al régimen, como proponen muchos, incluyendo algunos congresistas republicanos que representan a sectores agrícolas norteamericanos que abogan por ello, es tremendamente injusto y hasta resulta discriminatorio para los ciudadanos estadounidenses. Me explico:
En Estados Unidos aunque parezca lo contrario, hay más control y supervisión que en cualquier otro país sobre sus ciudadanos. Y todo comienza con el historial de crédito del individuo, misión difícil pero perfeccionada por EQUIFAX, EXPERIAN Y TRANSUNION, tres instituciones que se dedican a computar y calcular ininterrumpidamente el promedio crediticio de los norteamericanos. La ecuación es muy simple: si tienes buen promedio de crédito en esos cómputos puedes comprar lo que desees de acuerdo a tus posibilidades; si por el contrario no es satisfactorio para las instituciones financieras, entonces se te complica la vida y se te hace casi imposible adquirir ningún bien a tasas de interés razonables, o probablemente no seas capaz de adquirir absolutamente nada a crédito. Carlos Marx definió muy bien este asunto del crédito en sus Cuadernos de París cuando afirmaba que el crédito era “la expresión monetaria de la moral de una persona”.
Por lo tanto, si el Gobierno cubano no paga sus deudas con los principales países capitalistas desde hace décadas, y además no ha sido capaz de honrar sus compromisos financieros con decenas de otros países acreedores (la más reciente disputa de la deuda de 1,2 billones de dólares con Rumanía es un buen ejemplo), ¿no resulta inmoral y discriminatorio que Estados Unidos le concedieran créditos al régimen de la Habana?
Mientras que cualquier ciudadano norteamericano al dejar de pagar su hipoteca por un par de meses o las letras mensuales del automóvil, se le va al piso el historial de crédito y con ello las facilidades crediticias, ¿por qué otorgarle este privilegio a un gobierno que si se somete a las normativas de EQUIFAX, EXPERIAN y TRANSUNION no clasifica ni para comprar un velocípedo?
No estoy analizando al gobierno cuyo ex presidente propuso asestar el primer golpe nuclear contra Estados Unidos, no estoy analizando al personaje que solo cuatro meses antes del 11 de Septiembre de 2001 manifestara en Teherán que junto a los iraníes pondrían al “Imperio” de rodillas; tampoco he querido analizar al régimen que encarceló a decenas de escritores y periodistas independientes. Ni al que confiscó todas las propiedades norteamericanas en la Isla valoradas en billones de dólares sin ninguna compensación. Estoy simplemente analizando a un Gobierno como un sujeto más en la arena de la economía de mercado y su mejor juez, el Señor Crédito.
Pero hay algo probablemente más injusto que la práctica discriminatoria de darle crédito a un régimen inmoral, como llamaría Marx a estos gobernantes y negárselo a ciudadanos norteamericanos que han tenido dificultades financieras para saldar sus deudas, y es el hecho de que, de acuerdo a las leyes norteamericanas dirigidas a incentivar a los inversionistas y empresarios, las empresas están autorizadas por el Internal Revenue Service de Estados Unidos a descontar de sus obligaciones de pagar impuestos las pérdidas incurridas en sus negocios como resultado de incumplimientos de pago por personas o instituciones que no han podido o no han querido honrar sus compromisos financieros.
¿Cómo se traduce esto al caso de Cuba? Muy sencillo, la corporación de granjeros John Doe de Iowa le vende a crédito 200 millones de dólares en trigo al Gobierno cubano; dichos dirigentes no honran la deuda y la John Doe Corporation, en su declaración de impuestos del 15 de Abril, hace lo que los americanos llaman el write off (el descuento de los impuestos que debe pagar) de esa pérdida, y al final los platos rotos los paga el contribuyente norteamericano, financiando a Castro indirectamente a través de IRS de Estados Unidos. Entre esos contribuyentes, por supuesto, los cientos de miles de cubanos que tuvieron que salir de Cuba huyendo del régimen que les negaba toda posibilidad de futuro y a una parte de los cuales se le confiscaron sus propiedades, incluyendo la vivienda que habitaban, y que sí cumplen con sus declaraciones de impuestos todos los años en los Estados Unidos.
Hasta aquí nos hemos referido solo al aspecto del crédito que lógicamente de levantarse el embargo sería una de las primeras ventajas a que recurriría el Gobierno cubano para comprar en la acera de enfrente las materias primas y los alimentos que necesita. Pero existen otros obstáculos para levantar el embargo y que deben ser expuestos con toda claridad para que los gobernantes en la Isla y el pueblo en general estén consientes de que sería imposible al Gobierno de Estados Unidos permitir inversiones en Cuba mientras se mantenga el sistema esclavista estatal de permitir la contratación de empleados solo a través de las agencias gubernamentales. Sencillamente las prácticas de la esclavitud se abolieron en Estados Unidos hace más de un siglo al costo de una sangrienta guerra civil con centenares de miles de muertos, y moralmente la patria de Lincoln no puede retroceder al pasado. Dejando bien claro que es la actual administración de la Isla la que impide las inversiones norteamericanas por sus prácticas esclavistas. Sin la libre contratación de sus empleados no podrán regresar esas inversiones.
Otro aspecto discriminatorio que obstaculiza el levantamiento del embargo es la prohibición por parte del Gobierno de Cuba para que los ciudadanos de ese país puedan ser verdaderos empresario y, participar en una genuina economía de mercado, más allá de remendar zapatos, reparar relojes o servir mesas. ¿Que Castro no lo va a permitir, como declaró el canciller Bruno Rodríguez no hace mucho en New York, alegando que lo que necesitaban eran millones en inversiones? Bueno, ese es un problema del Gobierno cubano. Los Estados Unidos tienen millones de ciudadanos de origen cubano muchos de los cuales con muy buen crédito y que pueden garantizar a sus familiares en Cuba los préstamos que necesiten para emprender negocios. Negar esa posibilidad es convertirse en cómplice de un apartheid económico en el cual moralmente no puede participar Estados Unidos.
¿No sería mucho más comprensible desde todo punto de vista que los cubanos residentes en Estados Unidos en lugar de enviar dinero constantemente a sus familiares para que subsistan y sean cada vez más dependientes del régimen que los explota, les proporcionen los recursos financieros para que ellos se pongan de pie e inicien su nueva vida por cuenta propia y rompan con el parasitismo que un régimen les ha inoculado como reflejo de su mismo proceder?
Si algo tiene que quedar bien claro al Gobierno cubano y a los que abogan por el levantamiento de las restricciones a los viajes turísticos de norteamericanos a Cuba que es otra de las ventajas que ocurriría de levantarse el embargo es que, mientras existan leyes que penalizan todo lo que el régimen considera que pueda retar su poder, el Gobierno de Estados Unidos no está en disposición de poner en peligro a sus ciudadanos ni suministrarle gratuitamente al régimen de la Habana más rehenes. Con Alan Gross ha tenido suficiente.
Los tanques pensantes del Gobierno cubano, esos economistas y oficiales responsables que con tanta dedicación trabajaron en el “Perfeccionamiento Empresarial”, y que ahora por los últimos decretos tratarán de implantar en toda Cuba dicho sistema de autogestión, deben comprender que en la actual globalización económica todo el engranaje jurídico que sea un obstáculo para las inversiones extranjeras, el financiamiento y todo proyecto conjunto de desarrollo, resulta imposible sin cambiar todas esas leyes represivas que coaccionan y obstruyen el incentivo a la inversión.
En un país donde las leyes están estructuradas para considerar como delito cualquier proceder que no convenga a los intereses de los gobernantes, no ofrece ningún atractivo al capital extranjero. Y sin este, por mucho que traten de “Perfeccionar” lo torcido, jamás lograrán enderezarlo. Que le pregunten a los yugoslavos, que experimentaron estos “perfeccionamientos” hace medio siglo, y terminaron desintegrándose como nación.

viernes, 14 de diciembre de 2012

LAS FAR Y EL CAMBIO


Algunos lectores me preguntan si en los momentos actuales las FAR como institución pueden hacer algo para impulsar reformas políticas o económicas dentro de Cuba.
 
En mi opinión, los think-tanks que existen dentro de las fuerzas armadas, a los que por lo general se les conoce como “Comisiones de trabajo”, se utilizan para analizar y proponer direcciones a seguir en determinados campos, ya sean tecnológicos, económicos o políticos, pero tienen pocas posibilidades de hacer recomendaciones factibles que influyan sobre las políticas del gobierno. Sencillamente porque por muy objetivas y buenas que sean, la dirigencia del país, si considera que pueden afectar en lo más mínimo su poder absoluto, las rechaza o engaveta.

Voy a poner un breve ejemplo. Tiene que ver con los planes quinquenales que se elaboraban con la contraparte de las Fuerzas Armadas Soviéticas para el desarrollo perspectivo de las FAR cubanas.

El plan quinquenal que debía comenzar a principios de 1988 preveía que la URSS suministrara a Cuba, entre diferentes tipos de armamentos y tecnologías para las distintas ramas de las FAR, un regimiento de aviones de combate MiG-29, compuesto de 35 aeronaves de ese tipo con todos sus medios de aseguramiento terrestre. Inexplicablemente para el régimen, el nuevo gobierno soviético encabezado por Mijail Gorbachov le hizo saber al gobierno cubano que no podía cumplir semejante planificación quinquenal, y que en lugar de los 35 MiG-29 entregarían seis, cuatro de combate y dos de doble cabina de entrenamiento. Y que los veintinueve aviones restantes que se dejarían de entregar serian sustituidos por aviones de ataque a tierra SU-25.

El SU-25 era un equipo que los soviéticos construyeron tratando de equipararse a los A-10 Thunderbolt norteamericanos, que han sido los caballos de batalla en la destrucción de objetivos terrestres en las últimas guerras libradas por Estados Unidos. La diferencia fundamental radicaba en que el SU-25, como la inmensa mayoría de las aeronaves soviéticas, tenía un consumo excesivo de combustible, que le imposibilitaba llegar a más de 100 kilómetros con todo su armamento colgado.

Siempre mantuve muy buenas relaciones de trabajo con el General Julio Casas. Fue uno de los jefes más pragmáticos que he conocido, y entre sus mayores atributos estaba tomar decisiones escuchando las diferentes opiniones de sus subordinados.
Julio acostumbraba a consultarme diferentes criterios sobre aviación aunque no fueran de mi esfera de responsabilidad, que era el control del espacio aéreo nacional a través del Centro Nacional Conjunto de Planificación y Dirección de los vuelos. Como en otras ocasiones, Amadito, su jefe de despacho me llama preguntándome si podía bajar a la oficina de Julio, que deseaba hablar conmigo. Mis oficinas estaban en el piso superior al del general.

Nos saludamos, me informa sobre la última propuesta de los soviéticos referente a los cambios en la entrega de los MiGs-29, y me pregunta mi opinión al respecto. Le respondo que era preferible recibir solo los seis Mig-29, y le explico que la propuesta de los SU-25, además de ser una maniobra de los soviéticos para limpiarse con nosotros al no cumplir sus compromisos, nos crearía innumerables problemas, ya que siempre por décadas tuvimos solamente la línea de aviones de combate MiGs, y adquirir aviones Sukhoi representaba diferentes piezas de repuesto, diferente preparación técnica del personal, diferentes almacenes, diferentes armamentos, y arriba de eso tendríamos unos aviones que ni siquiera podían llegar al enemigo más cercano a 90 millas, dado su restringido radio de acción.

Desconozco que proposición le habrán hecho otros especialistas, pero lo cierto es que Julio le planteó al Ministro de las FAR Raúl Castro que era mejor no aceptar los SU-25.

Días después, vuelvo a ser llamado por el general y me dice que Raúl Castro había entendido el argumento que él había planteado basado en los razonamientos que habíamos analizado, pero que al planteársele el asunto a Fidel Castro este respondió que no, que se aceptarían esos aviones, pero que para no crear los problemas lógicos que se esgrimían en su contra debíamos pedirle a los soviéticos que situaran esos aviones en Angola para ser utilizados contra la UNITA, y posiblemente contra los sudafricanos. Y si se ponían de baja o los destruían, pues por lo menos hubieran cumplido su cometido de ser usados en guerra.

En esa misma reunión con Julio Casas le abordé un tema que estaba dando vueltas por todos los pasillos de la DAAFAR, sobre 50 becas que los soviéticos estaban ofreciendo para que jóvenes oficiales fueran a estudiar cinco años en la URSS la carrera de “Ingenieros Navegantes”.

Ya comenzaban los primeros GPS en el uso militar. No pude contenerme y le dije: “General ¿qué usted me respondería si yo le propongo un curso de cinco años para jóvenes cadetes hacerse ingenieros en arcos y flechas o en mosquetes?” se echo a reír y me contestó “Mandarte palcarajo”.

Por aquella respuesta supe que Julio Casas tampoco estaba de acuerdo con aquello, pero al igual que con los SU-25, había que aceptar todo lo que dieran los soviéticos, así fuera haciéndoles perder a jóvenes, que pudieron haber estudiado cualquier cosa realmente útil, cinco de los mejores años de sus vidas.

Poco tiempo después rompí definitivamente con el régimen. Supe más tarde que aquellos jóvenes, incluidos en ellos muchos hijos de dirigentes, fueron enviados para perder miserablemente el tiempo. Ninguno, por lógica elemental, llegó a desempeñar esas funciones de ingenieros en técnicas desaparecidas.

El gran trabajo desplegado por un grupo de oficiales en el campo económico, para implantar la autogestión de las empresas conocida como “Perfeccionamiento Empresarial”, hace casi 20 años fue boicoteado e ignorado por el propio Fidel Castro, y ahora al parecer sale del closet, desempolvándose las telarañas, reencarnado en uno de los dos últimos “grupos de apoyo” que acaba de sancionar el gobierno en sus recientes decretos leyes y decretos números 295, 302 y 303/2012.

Quizás les funcione, hay que esperar. Pero cuando un enfermo terminal ha pasado 20 años en muerte vegetativa todo hace indicar que es preferible desconectarlo que revivirlo.

Este afán de regirlo todo tercamente, aun a costa de dañar no solo a las propias instituciones militares, a jóvenes de familias revolucionarias, y a la economía del país,  no se limitó a cuestiones relativas a la técnica militar y a futuros cuadros, sino que hasta en cuestiones tan importantes, como rendir tributo a los propios mártires caídos, tenía que ser decidido solamente desde la máxima dirección del país.

Voy a citar solo otro ejemplo más:

En una oportunidad los asesores soviéticos me preguntan por qué los veteranos de Playa Girón no nos reuníamos una vez al año como hacían ellos en la URSS con los veteranos de muchas de las unidades que combatieron en la segunda guerra mundial. Pero que no fuera el clásico acto oficial que todos los años el gobierno organizaba en dichas fechas, sino que fuera una reunión entre hermanos que habían participado en aquel episodio.

Me gustó la idea y lo comenté con diferentes compañeros participantes en los combates de Playa Girón, que también la consideraron una idea formidable. Incluso uno de ellos me propone iniciar estos encuentros develando una tarja en la propia rampa de vuelo de la base aérea de San Antonio de los Baños, desde donde despegaron los pilotos y las tripulaciones que ofrendaron sus vidas. (Todavía a estas alturas nada existe allí dejando constancia del sacrificio de aquellos hombres)
En uno de mis encuentros frecuentes con Julio Casas le transmito la idea, y a los pocos días, después de consultarla con el Ministro de las FAR, al coincidir ambos en el comedor de los jefes, me dice que me olvide de esas propuestas. Nada de asociaciones de veteranos, ni reuniones de ex combatientes para conmemorar nada. Ese derecho solo lo tenía la máxima dirección del Partido.

Para esa fecha, ya Douglas y Prendes habían sido excluidos de todo tipo de actos públicos por la victoria de Playa Girón. Aunque cada 17 de Abril, haciendo caso omiso a las imposiciones del régimen, nos encontrábamos en casa de Prendes, y teníamos nuestra propia conmemoración con el ron que yo encontrara y las chucherías que ya Douglas y Prendes habían forrajeado por los mercaditos de venta libre que abundaban en aquella época de “vacas gordas”.    
Aquel 17 de Abril de 1987 que celebré junto a Prendes y Douglas fue mi último en Cuba. Al mes siguiente, el 28 de Mayo puse proa a la libertad.        
 
 

viernes, 23 de noviembre de 2012

Caída libre

 Vilma Rodríguez Castro con su abuelo, el gobernante cubano Raúl Castro.

Vilma Rodríguez Castro, nieta del presidente cubano Raúl Castro, viajó de visita a Estados Unidos para asistir a la VI edición de la feria de arte latinoamericano contemporáneo PINTA 2012. Según se dice, viajó como acompañante de su novio, el pintor cubano Arlés del Rio, invitado a dicha feria.

Inmediatamente se revolvió el gallinero y comenzaron los asombros y señalamientos.  Que si “Llevaba zapatos Chanel, cartera Louis Vuitton y reloj Rolex como si fuera lo más natural del mundo”. “Que si la familia de los Castro tienen el beneplácito de la administración de Obama para visitar este país”. Y hasta se molestaron cuando el Departamento de Estado cumpliendo con las leyes federales les aclaró que  mantenía la política de confidencialidad establecida, y con todo ese derecho se negó a dar explicaciones.
Unos meses antes se había formado algo parecido con Mariela Castro, la hija de Raúl, cuando fue autorizada a participar en una conferencia en San Francisco.
En medio de ese revolico no podían faltar las declaraciones de congresistas cubanoamericanos quejándose sobre la situación, enviando cartas a la Secretaria de Estado Hillary Clinton para aconsejarle que debía revisar con más detenimiento y mejor juicio las solicitudes de visas.
En Miami, la congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen criticó abiertamente el visado otorgado a Rodríguez diciendo que “esta clase de permisos no aportan al esfuerzo desplegado por la libertad y democratización del pueblo cubano”. Y que: “Era vergonzoso que esta administración continuara entregándole su beneplácito a los dictadores de La Habana mientras estos continúan con su odio y violenta represión del pueblo cubano”.
Con todo el respeto que se merecen los congresistas cubanoamericanos yo no le veo por ninguna parte razón alguna para prohibir la entrada a Estados Unidos a familiares de los gobernantes cubanos por muy canalla que pudiese haber sido el tío, el padre, el abuelo o el tatarabuelo. Especialmente esta muchacha que viene invitada por su novio a una reunión de arte que no tiene ninguna vinculación política. Además de que ella se negó hablar con nadie pues sencillamente no le interesa la política.
¿Paga el gobierno de Estados Unidos con el dinero de los contribuyentes los viajes de estas personas?  ¿Sufragan los gastos de hospedaje, comida y transporte? ¿Vienen estas personas a significar una carga para el país o a pedir asilo político? Si nada de esto es así ¿Por qué entonces significa un “insulto a la comunidad cubana en el exilio entregarles una visa”? No se le dan visas para mencionar solo un ejemplo, a cuanto hijo, sobrino, nieto, cuñado o sirviente de la familia real de Arabia Saudita desea viajar a Estados Unidos, un país donde todavía decapitan a los reos en las plazas públicas o matan a mujeres a pedradas  en medio de la calle y son de los más grandes violadores de los derechos humanos en el mundo.
Parece que los políticos republicanos no han asimilado todavía la aplastante derrota sufrida en los últimos comicios presidenciales. No les dice nada que Obama haya alcanzado el 48% del voto cubano. No les dice nada tampoco que en 1988 el 85% votaba republicano, en el 2004 fue el 75%, en el 2008 el 65% y este 2012 solo 52%.
Por grupos hispanos, el 83 % de los puertorriqueños votó por Obama y 17 % por el candidato republicano; el 79 % de los suramericanos sufragó por el demócrata y el 21 % por Romney. En cuanto a los suramericanos, el 92 % de los brasileños votó por Obama y el 8 % por Romney; el 82 % de los peruanos sufragó demócrata y el 18 % republicano y el 80 % de los colombianos favoreció a Obama y el 20 % a Romney. Hasta el 76 % de los venezolanos votó por Obama y el 24 % por los republicanos,  algo totalmente sorprendente.
¿Qué mensaje está enviando esta tendencia de decadencia en ese voto republicano de los cubanoamericanos? ¿Qué inferencia pueden sacar los políticos republicanos de la enorme pérdida de apoyo latino?
Este nuevo alboroto con las visitas de familiares de gobernantes cubanos solo están reflejando que se mantienen estáticos, paralizados y aferrados a un discurso que ya no aguanta nadie.
Cuando veo estas actitudes de sitiadores, de constructores de barreras y alambradas en nuestro propio patio, me pregunto hasta dónde pueden llegar en su ineficacia política. Es evidente que ni siquiera se percatan de que es el mismo Partido Republicano el que les va a pasar la cuenta. En la restructuración que avecina, ellos están en la primera fila de los que de inmediato han de pasar a retiro por alta conveniencia de servicio. Lo cierto es que, al menos de cara al electorado hispano, han embarcado a la vieja institución con el más obstinado e incongruente de los discursos.

jueves, 15 de noviembre de 2012

MISION CONSENTIDA

                 El hombre que detuvo los tanques en la Plaza de Tiananmen

En Latinoamérica y otros países subdesarrollados el papel jugado por las fuerzas armadas en las luchas por el poder, en las interrupciones de los cauces democráticos, y en la imposición de dictaduras de derecha y de izquierda, han contribuido indudablemente al sofisma de que son las instituciones militares las que tienen en sus manos las mayores posibilidades de impulsar cambios políticos y económicos en esas sociedades.

Sin embargo, resulta muy significativo que en todas las dictaduras que existieron en el desaparecido mundo comunista de la Europa del Este, el papel de las fuerzas armadas de esos países en el cambio hacia la democracia fue casi en su totalidad pasivo, acatando los mandos militares la voluntad popular expresada en las masivas demostraciones populares que precedieron el desmoronamiento y posterior desintegración de todo el imperio soviético.

Solo en Rumania se intentó ahogar el clamor popular reprimiendo violentamente las manifestaciones populares que se iniciaron en Timisoara, la tercera ciudad en importancia del país, y que después se extendieron a toda la nación, provocando la caída del dictador Nicolae Ceauçescu y su posterior captura y ejecución por los militares rumanos.

Es necesario destacar que las represiones que tuvieron lugar contra las manifestaciones populares fueron ejecutadas por la policía política y unidades anti-motines del Ministerio del Interior, nunca por unidades de las fuerzas armadas.

Para encontrar explicaciones del por qué se comportaron estas instituciones de esa manera en todos los países totalitarios, incluida la URSS como cabeza del imperio, y el por qué en Cuba, que es la única dictadura que queda en pié en el continente americano, no debe diferenciarse mucho de sus desaparecidos homólogos del este de Europa, es necesario abordar el tema desde diferentes ángulos.

Se debe comenzar por analizar cuáles son los objetivos y misiones de las  fuerzas armadas en cualquier país. Esto nos lleva a que esa institución está concebida para defender la nación de una agresión extranjera, y para ese fin se forman, se organizan y se preparan.

En las dictaduras, como las que desaparecieron en Europa del Este, y como la existente en Cuba y Corea del Norte, es condición indispensable la centralización de todo el poder, con el fin de mantener el control sobre la sociedad. Esto lleva a institucionalizar severamente qué papel le toca a cada uno de los organismos creados por el gobierno para asegurar su supervivencia. De ahí que el régimen organiza su Ministerio del Interior, lo prepara y lo equipa, para llevar a cabo el mantenimiento del orden, el espionaje a la población, y la represión contra toda oposición, quedando las Fuerzas Armadas solamente para la defensa del país en el rechazo de una agresión extranjera.

Esas misiones y objetivos específicos dados a las FAR no solo quedan institucionalizados en leyes nacionales y Reglamentos de Combate, sino que van más allá, y periódicamente, de acuerdo a los conceptos del gobierno de cómo puede conducirse una agresión extranjera, elaboran la “idea estratégica” de cómo llevar a cabo la defensa del país, se le plantea al ministro de las FAR, y este elabora todos los planes necesarios para darle cumplimiento.

Como Cuba es una isla sin fronteras terrestres ni conflictos fronterizos con ningún otro país, el único enemigo que siempre ha previsto el régimen cubano de Fidel Castro ha sido Estados Unidos, y por tanto, la misión fundamental de sus fuerzas armadas es la de rechazar sus desembarcos navales y aéreos.  

El ministro de las FAR, a su vez, en base a la misión recibida por el presidente, firma en la parte inferior derecha y presenta al gobierno sus planes para cumplir con la “Operación Estratégica Contra-Desembarco del País”. El Comandante en Jefe, que en este caso es ahora Raúl Castro, aprueba dichos planes y los firma en la parte superior izquierda de los mapas en que se refleja la operación, así como todos los documentos adjuntos.

A partir de ese momento, se produce de modo secuencial el mismo procedimiento en orden descendente, desde el Ministro de las FAR hacia los jefes de Ejércitos, de estos hacia los jefes de Divisiones, y así sucesivamente hasta los jefes de Regimientos y otras unidades. Los jefes de Ejércitos y jefes de grandes y medianas unidades (Divisiones y Regimientos) firman sus respectivos “Planes de Acciones Combativas” para cumplir con la parte que le corresponde a cada uno en la idea general de la “Operación Estratégica Contra-desembarco del País” en el borde inferior de los mapas, y sus jefes superiores, después de hacerle las correcciones que estimen pertinentes, los aprueban y firman en la parte superior izquierda de dichos mapas y documentos adjuntos.

He tratado de sintetizar lo más posible la explicación de este engranaje legal para que se comprenda bien la idea a continuación.
 
Al concluirse este proceso, queda totalmente establecido por ley, cómo, cuándo y qué debe hacer cada jefe militar para cumplir con su deber. O como señaló en una oportunidad Raúl Castro, hace muchos años, siendo Ministro de las FAR: la orden del jefe es ley, que encarna el mandato y voluntad de la patria”.

Vayamos ahora a ejemplos concretos de por qué Cuba no debe ser diferente a todos los países que sufrieron regímenes totalitarios, y donde en ninguno las fuerzas armadas actuaron contra la población civil cansada de la opresión.

Pongamos un ejemplo hipotético que puede desencadenarse en cualquier lugar de la isla. Digamos que el pueblo de Santiago de Cuba, hastiado del total olvido del régimen de sus necesidades y las miserables condiciones de vida, inicia protestas masivas contra la tiranía. Es reprimido por las fuerzas del Ministerio del Interior que tienen esa tarea, pero llega un momento en que son incapaces de contener la ira popular, y se ven obligados a deponer sus armas o escapar. Ante esta situación desesperada, el gobierno ordena al jefe del Ejercito Oriental que envíe los tanques de la 56 División de Infantería Moto- mecanizada, encargada de defender los accesos a la ciudad en un eventual desembarco de la infantería de marina de Estados Unidos, para tratar de sofocar el levantamiento popular. 

Desde el momento en que el ministro de las FAR emite esa orden está violando la ley, pues él ya ha firmado y aprobado los respectivos planes de sus jefes subordinados, y cambiándole las misiones se está haciendo responsable de las muertes y destrucciones que puedan ocurrir, lo que implica que puede ser juzgado por genocidio, y hasta condenado a muerte por las propias leyes cubanas vigentes* en la actualidad. La misma implicación tendrían los jefes de ejército y jefes de grandes y pequeñas unidades que se atrevan a cumplir semejante orden, contraria a sus deberes específicos firmados y aprobados.

Analizando este escenario con otros colegas militares en el exilio, me ponían de ejemplo el caso de Siria, donde el régimen hasta bombardea indiscriminadamente con la aviación leal sus propias ciudades, incluyendo barrios de la capital. La diferencia que yo veo entre Siria y el régimen cubano no está en su similitud tiránica, sino en una condición especial que en su momento le fue beneficiosa al régimen cubano y ahora se le convierte en un boomerang, y consiste en ser una isla sin conflictos fronterizos de ningún tipo. El régimen de Bashar al-Assad trata constantemente de acusar a terroristas internacionales que a través de la frontera con Turquía han invadido el país, alegando que son miembros de Al Qaeda y fundamentalistas islámicos procedentes de Libia. Y aunque, por supuesto, puede haber algunos, ese no es el caso de Cuba.

Existe otro factor a tener en cuenta en las diferencias entre Siria y Cuba. Por muchos exiliados sirios que haya en Estados Unidos, nunca llegan a más del 10 por ciento de su población, como ocurre con los cubanos. Ni tampoco hay congresistas sirio-americanos en el congreso estadounidense, que puedan influir con la misma fuerza que influyen los de origen cubano en ese órgano del poder legislativo. Lo que indudablemente llevaría a la administración de turno en la Casa Blanca a aplicar las técnicas modernas de los Drones para descabezar a la dirigencia del país y jefes militares principales, por sus actos de genocidio contra la población civil, sin necesidad de una invasión o intervención militar con presencia física de tropas de Estados Unidos en territorio cubano.

Los nuevos adelantos tecnológicos en la guerra robótica han cambiado por completo las reglas del juego. Dudo que los principales jefes militares en Cuba estén ajenos a esto.
 

LEY No. 62: CÓDIGO PENAL DE CUBA Y LEY NO. 87, MODIFICATIVA DEL CÓDIGO PENAL

SECCIÓN SEXTA: Genocidio

ARTÍCULO 116.

1. Incurre en sanción de privación de libertad de diez a veinte años o muerte el que, con la intención de destruir, total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:
a) someta a este grupo a condiciones de existencia que constituyan una amenaza de exterminio del grupo o de algunos de sus miembros;
2. En igual sanción incurre el que, violando las normas del Derecho Internacional, bombardee, ametralle o ejerza sevicia sobre la población civil indefensa.

Nota aclaratoria.

Cuando el general Augusto Pinochet fue instruido de cargos en España por el delito de genocidio, su defensa trató de desvirtuar los cargos alegando que en dicho encausamiento se había “reinterpretado el crimen de genocidio”, a lo que el Pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional de España argumentó que en los hechos imputados en el sumario estaba presente, de modo ineludible, la idea del exterminio de grupos de la población chilena.
 
Fue una acción de persecución y hostigamiento tendente a destruir a un determinado sector de la población, un grupo, sumamente heterogéneo, pero diferenciado. El grupo perseguido hostigado lo formaban aquellos ciudadanos que no respondían al tipo prefijado por los promotores de la represión, como propio del orden nuevo a instaurar en el país. El grupo lo integraban ciudadanos contrarios al régimen militar del 11 de septiembre, contrarios al entendimiento de la identidad de la nación, de los valores nacionales, que era sostenido por los nuevos gobernantes, pero también ciudadanos indiferentes al régimen y a ese entendimiento de lo nacional. La represión no pretendió cambiar la actitud de grupo, sino destruir el grupo por medio de las detenciones, torturas, desapariciones, muertes... No fue una actuación al azar (Véase Rollo de Apelación 173/98. Sección primera. Sumario 1/98, Juzgado Central de Instrucción número seis, Madrid, 5 de noviembre de 1998, pp. 8 y 9.)
 
 
 

sábado, 10 de noviembre de 2012

Despertar

Con el colectivo de oficiales alemanes en la Academia Superior de Guerra Yuri Gagarin. De pie, en el mapa desplegado a la izquierda, el entonces coronel Rafael del Pino. A la derecha, el traductor capitán Oleg Vacilievich. Sentados, los oficiales alemanes de la facultad.

Durante mis estudios en la Academia Superior de Guerra Yuri Gagarin de la desaparecida URSS uno de los colectivos con que más afinidad logré tener fueron los oficiales alemanes de nuestra misma facultad. Eran los más disciplinados, los más estudiosos, los más prácticos y no puedo decir que los más inteligentes pero sí los de mente más abierta de los que allí cursábamos estudios.
En los juegos militares que realizábamos en los mapas, después de que los profesores nos daban la composición de las tropas propias y las del enemigo que debíamos enfrentar, nos tocaba una de las tareas más tediosas de todo el ejercicio, dibujar con símbolos la ubicación en los mapas de las unidades militares y los posibles movimientos tanto del enemigo como los nuestros.
Para dicha tarea poseíamos una regla plástica con diferentes perforaciones en forma de rectángulos, círculos, números, siluetas de banderas etc. En las que introduciendo los lápices de colores podíamos dibujar en el mapa las posiciones de los regimientos, brigadas, divisiones y demás unidades de combate. Aquello resultaba interminable y era raro que pudiéramos terminar de reflejar la situación en los mapas en el tiempo que daban los profesores. Sin embargo, era curioso que los alemanes terminaran en diez minutos lo que a nosotros y a los propios soviéticos nos tomaba horas.
En uno de estos juegos militares me propuse descubrir el secreto de los teutones para irse siempre delante de todo el mundo. En aquella época en las academias militares de la URSS solo se permitía fumar en los baños y cuando los oficiales cubanos y de otras nacionalidades, como los mongoles, estábamos luchando con la dichosa reglita plástica de huequitos, ya escuchábamos las risotadas de los alemanes desde los baños, fumando y haciendo cuentos. No pude resistirme y me les colé en su aula donde efectivamente habían terminado en diez minutos de plasmar en los mapas las unidades para la tarea. Apurándome antes de que regresaran, reviso cómo diablos aquella gente había elevado a ese extremo la productividad y me doy cuenta de que los muy bandidos habían diseñado unas calcomanías con todas las figuritas que nosotros debíamos dibujar a mano y simplemente iban despegándolas del papel donde venían, para después pegarlas en el mapa. Nada de reglitas, ni de lápices de colores, ni de plumones. Nada de kindergarten.
Cuando le cuento a mi mejor amigo alemán Gerhard Reuschel lo que había descubierto se desternilló de la risa y me aseguró que me iba a dar algunas de esas calcomanías, no sin antes aclararme en broma que no quería verme a la par de los “mongoles”. A partir de aquel día el pinareño se despegaba del pelotón de los mongoles terminando también bastante rápido aunque nunca como los germanos. Una prueba más de que los pinareños, aunque no seamos arios, podemos superar a los descendientes de Genghis Khan.
Gerhard Reuschel, más que un amigo y colega, se convirtió en un hermano para mí. Todos los fines de semana cenábamos juntos y su esposa Regina se desvivía en atenciones. Aunque el Gobierno cubano y de Alemania del Este a través de la Stasi y la CIM prohibía los contactos personales entre los oficiales de ambos países siempre nos la arreglamos para mantener comunicación al concluir nuestros estudios en la Academia Superior de Guerra.
Mi mayor sorpresa la tuve cuando nos encontramos a fines de los años setenta en el lago Balatón en Hungría. Yo le había comunicado que viajaba de vacaciones a dicho lago por quince días y se las arregló para conducir desde Alemania hasta Balatón y encontrarnos en la residencia de László otro viejo amigo húngaro de la academia Yuri Gagarin.
Como en toda velada donde se reúnen viejos camaradas terminamos inevitablemente en el tema político. A mí ingenuamente se me ocurre decirle a Gerhard que yo consideraba que la RDA había sido exitosa en la construcción del socialismo. Que a pesar de haber sido destruidos durante la II Guerra Mundial y haber tenido que reedificar todo el país, que había quedado en ruinas, habían logrado un aceptable nivel de vida, eliminando incluso la libreta de racionamiento. Sin embargo nosotros en Cuba continuábamos con nuestras penurias y no se avizoraba luz alguna al final del túnel.
— “¿Qué han hecho ustedes que no hemos hecho nosotros?”, les pregunté.
Se miraron uno a otro y rompieron a carcajadas.
— “Nada, Rafael, no hemos hecho nada diferente, es la misma mierda que tienen ustedes.”
Me quedé frío. Hasta pasadas las tres de la mañana escuché historias increíbles que a veces me hacían dudar de su veracidad.
Al caer el muro de Berlín mi amigo Gerhard era ya general igual que yo y estaba al frente de la 1era División DAFFAR, encargada de la defensa aérea de la región más importante de la República Democrática Alemana. Al ocurrir aquel histórico acontecimiento grupos de ex oficiales en retiro acudieron a su cuartel general para solicitar armas en defensa del régimen. La actitud firme de Gerhard impidió un posible desenlace fatal y logró convencer a todos aquellos hombres que los cambios que se sucedían vertiginosamente salvarían a la nación. Estaba en lo cierto.
Al unificarse Alemania, muchos de los altos oficiales permanecieron en sus puestos, especialmente los pilotos de los MiG-29 que pasaron a formar una unidad especial de la OTAN encargada de simular la aviación enemiga durante ejercicios y entrenamientos. Mi amigo Gerhard pasó a retiro y abrió una exitosa empresa de consultoría en la ciudad de Odesa en Ucrania. Para todos hubo un día después y sus vidas cambiaron para mejor, mucho mejor que la que vivían bajo la camisa de fuerza y la mordaza. Mi otro afecto, el Coronel Udo Sadzu, jefe de los MiG-29ª, cruzó repetidas veces el Atlántico con sus aviones para realizar ejercicios conjuntos con los F-15 de la USAF. En 2003 los alemanes recibieron los nuevos Eurofighters Typoon, los MiG-29A fueron vendidos a Polonia y en el ese mismo año realizaron el ejercicio “Sniper 2003” en la base aérea de Eglin en la Florida como despedida de los Mig-29.
Me contaba Gerhard que después de mi ruptura con el régimen castrista la Stasi no le perdía ni pie ni pisada. Ellos sabían que éramos grandes amigos y era lógico que así sucediera. Lo que no sabía la Stasi era que había sido precisamente Gerhard desde aquel encuentro en el lago Balatón quien había encendido la chispa que condujo a mi despertar.
Mi amigo perdió la vida en un accidente automovilístico el 9 de junio del 2002. Estas son las horas que un viejo camarada no lo olvida.

lunes, 8 de octubre de 2012

EL OUT VEINTISIETE



En la Fuerza Aérea siempre mantuvimos una buena relación con los compañeros de Tropas Especiales del MININT. Ellos utilizaban nuestros servicios para el lanzamiento de los paracaidistas en sus prácticas, cuando necesitaban algún helicóptero se lo proporcionábamos o, como sucedió al principio de la guerra de Angola, nuestros aviadores movían a los hombres de Tropas Especiales de una punta a otra del país, jugándose el pellejo junto con ellos. Este tipo de relación fortaleció esa amistad aún después que algunos de sus principales oficiales y jefes pasaron a otras funciones más importantes.

En otras oportunidades fuimos nosotros los que tuvimos que recurrir a ellos para que nos dieran una mano con algunos de sus bien entrenados hombres. Este fue el caso de la recuperación de la “caja negra” de un MiG-23 en que había perdido la vida el Teniente Coronel José Febles al sur de la Playa Tomate, muy cerca de Batabanó, cuando en un viraje a muy pequeña altura metió la punta del ala izquierda en el agua y se estrelló. Toda esa región muy cenagosa hacia extremadamente difícil localizar y extraer la caja negra que nos ayudara a descifrar que había ocurrido.

En esa época mi amigo Tony de la Guardia había pasado ya al departamento MC, y entre las empresas que controlaba estaba “Carisub”, integrada por los mejores buzos con que contaba Tropas Especiales, dedicada a la búsqueda de tesoros en el Caribe. Lo llamé explicándole la situación que teníamos y al día siguiente estaban en la base aérea de San Antonio de los Baños los buzos, que antes de las 48 horas nos entregaban la famosa  caja negra.

Hago esta corta introducción para que se tenga una idea del grado de camaradería y cooperación existente entre ambas instituciones militares.

En una ocasión se nos ocurrió hacer una comprobación a la disposición combativa del dispositivo de protección de los aviones de combate en tierra. Tony me había contado cómo ellos habían preparado a un comando salvadoreño para que penetrara en la Base Aérea de Iolopango, en El Salvador, logrando volar con explosivos varios aviones de combate. Pensando que eso mismo pudiera ocurrir en nuestras bases, se preparó un ejercicio sorpresivo, donde un grupo similar de nuestras tropas especiales penetraría en la base aérea de San Antonio de los Baños y, después de someter a las postas cubanas, simularían ejecutar la acción.

En aquel entonces, durante la noche, cada dos refugios de aviones se situaban postas móviles con soldados del servicio militar general armados con fusiles AKA 47.

La comprobación se llevó a cabo sin problema alguno. No nos sorprendió en lo absoluto que los comandos de Tropas Especiales, con sus rostros pintados de camuflaje y su vestimenta idéntica a los comandos norteamericanos, desarmaran a los soldados del SMO, actuando uno por detrás, poniéndole un cuchillo en el cuello, mientras otro de frente le arrebataba el fusil.

Lo que si nos dejó estupefactos fue lo que dijeron aquellos jóvenes soldados a los “yanquis” agresores:

“¡No nos maten, coño, que llevamos ni se sabe qué tiempo esperando por ustedes!”

No exagero, ni es mi intención ridiculizar la integridad de los militares cubanos. Yo lo fui por treinta años, y presencié actos muy valientes y heroicos en la guerra de Angola, donde incluso hombres cercados por agrupaciones enemigas pedían a los lanzacohetes múltiples BM-21 que hicieran fuego sobre sus mismas posiciones, al estar combatiendo prácticamente cuerpo a cuerpo.

Pero el episodio que acabo de relatar sucedió exactamente así, y sería injusto omitir un acontecimiento que por duro y desmoralizante que resulte merece un profundo análisis; que dicho sea de paso, no se hizo en aquella oportunidad, y en su lugar fueron sancionados severamente el Coronel Arnaldo Torres Biart, jefe de la base aérea, el sustituto para el trabajo político, y otros oficiales.

No estamos hablando de la difícil época del periodo especial, ni de la situación de desesperanza que envuelve a toda la juventud cubana hoy en día: estamos hablando en pleno reinado de las “vacas gordas”, donde la ininterrumpida tubería de todo tipo de subsidio proveniente de la URSS y sus satélites estaba a tutiplén.

Sin ningún ánimo tampoco de defender al jefe de la base aérea y demás oficiales con mando que fueron sancionados a rajatabla por ser los jefes máximos de la unidad militar, la medida fue tremendamente injusta, pues los jefes nunca han sido los que eligen que reclutas van a servir en sus unidades, por  muy sensitivas e importantes que sean, como la principal base aérea del país. Ni nunca ningún jefe de unidad militar lo hará, porque sencillamente siempre han sido los oficiales de la Contrainteligencia militar (CIM) los que han hecho estas selecciones, pasando por un “extrafino filtro” a los jóvenes destinados a este tipo de unidades.

La selección realizada por la CIM nos dice a su vez que dichos jóvenes eran hijos de familias “revolucionarias”, que sus padres estaban “integrados”, que no tenían ninguna creencia religiosa, y que sus amistades eran también jóvenes confiables, porque le revisan hasta el día en que dan los primeros pasos.

Y por si alguien piensa que exagero les citaré solo un ejemplo entre muchos, el del piloto José Luis Trelles, graduado en la promoción de Krasnodar en la URSS como piloto de MiG-21 en 1968, con medalla de oro y primer expediente. Fue bajado de vuelo definitivamente cuando la CIM descubrió que sus padres le habían sacado pasaporte cuando era un niño de tres años de edad. (Los padres de Trelles nunca llegaron a emigrar).

Me surge una lógica interrogante: ¿por dónde estará  la disposición y moral combativa en esta etapa involutiva de toda la sociedad cubana, si hace más de 26 años ya aquellos reclutas estaban esperando a los “yanquis” agresores, no precisamente para enfrentarlos?

Las fuerzas armadas como conglomerado humano dentro de esa sociedad en regresión también se detienen y retroceden en todos los órdenes: tecnológico, político, económico y moral. Y me consta que empeora por día.

En una era donde ya los países más avanzados desarrollan aceleradamente la guerra robótica, donde las computadoras ocupan un primer plano en la planificación y ejecución de las acciones combativas, las FAR se consumen en el canibalismo tecnológico para poder mantener operables armamentos obsoletos, puestos en servicio hace más de medio siglo.

Los tanques T-55 comenzaron a rodar sus esteras en la URSS en 1955, hace 57 años; el T-62, hace 50 años; y lo más moderno, el T-72, ya tiene 40 primaveras. Con estos tarecos ni siguiera se puede contener una insurrección popular armada solo con fusiles, como se está demostrando ahora en Siria.

He puesto como ejemplo solo los tanques por ser un amasijo de hierros, con más posibilidades de duración, aunque sean un tiro al blanco en el terreno. De la aviación y las tropas coheteriles antiaéreas, totalmente obsoletas, es mejor ni hablar: prácticamente ni existen.

Todo esto lo saben perfectamente los militares cubanos, que se sienten tan o más oprimidos que el resto de la población, y optan por el recurso de la doble moral con que el pueblo esconde sus verdaderos sentimientos. ¿Los embargará el sobresalto y la angustia, como nos ha sucedido a muchos altos oficiales a medida que pasa el tiempo y continúan viendo cómo los que han destruido la nación pretenden eternizarse en el poder, sin propiciar una salida honrosa al desastre que crearon en medio siglo de disparates?

Difícil tarea la de los gobernantes cubanos: el tratar de convencer a la joven oficialidad de las fuerzas armadas que, siendo nuestro país una isla sin fronteras, sin litigios de mares territoriales, sin recursos naturales, con más de once millones de habitantes en la más completa miseria, exista una potencia extranjera con intenciones de hacerse cargo de esas penurias. ¿Podrá el gobierno cubano convencerlos que viren sus armas contra el pueblo cuando los efectivos del Ministerio del Interior sean incapaces de contener la ira popular?

En los últimos años he tenido la oportunidad de visitar y conocer de primera mano las experiencias que muchos de mis amigos, que fueron oficiales y jefes del desaparecido Pacto de Varsovia, y con los que compartí las aulas de las academias militares de la extinta  Unión Soviética, me han hecho saber sobre la transición de sus respectivos países hacia la democracia. Curiosamente, en ninguno de ellos, absolutamente en ninguno de ellos, los regímenes comunistas que imperaban pudieron convencer a las fuerzas armadas para que reprimieran al pueblo, cuando la policía y los órganos de seguridad del Estado se vieron imposibilitados de contener las demostraciones populares.

Aquellos gobiernos y partidos únicos llegaron a perder tanta legitimidad que, por ejemplo, cuando la dirigencia golpista contra Gorbachov en la URSS le ordenó a la División Blindada Tamánskaya, encargada de la defensa de Moscú, que penetrara en la ciudad para apoyarlos, el pueblo montó en sus vehículos blindados y abrazándose a los militares iniciaron el principio del fin de la gran pesadilla comunista.   

¿Habrá hoy en Cuba oficiales como el mayor Evdokímov, jefe del batallón de tanques de la División Tamánskaya, que había recibido la orden de rodear la “Casa Blanca”, donde radicaba el parlamento de la Republica Socialista Federativa Rusa, desde donde Boris Yeltsin se enfrentaba a los golpistas ultra reaccionarios del Partido Comunista? ¿Habrá oficiales como éste, que sin vacilar declaró su lealtad a Boris Yeltsin, poniéndose al lado del pueblo, permitiéndole trepar a uno de sus tanques para que se dirigiera a la multitud y a toda Rusia por la televisión estatal? Por supuesto que los hay.

¿Aceptarían oficiales y soldados del SMG  ver al pueblo cubano subir a sus tanques y colocar un clavel en los cañones de los fusiles, como ocurrió en Portugal cuando la feroz dictadura de Marcelo Caetano sacó las tropas a la calle para reprimir al pueblo? Por supuesto que lo aceptarían.

Para la oficialidad de las fuerzas armadas, cuya mayoría está ya integrada por hombres nacidos después de 1959 y para esos reclutas de hoy nacidos mucho después del comienzo del fatídico “Periodo Especial”, indudablemente habrá un día después, como lo hubo en toda Europa del Este. 

A pesar de las marcadas diferencias entre culturas, costumbres e idiosincrasias, entre rusos, portugueses, alemanes o rumanos, a la hora decisiva, de la verdad, todos se pusieron al lado del pueblo.

Lo mismo el soldado alemán que soltó el AKA-47 y tomó la mandarria para, junto a sus compatriotas, terminar de derribar el muro de Berlín, que el jefe del batallón de tanques que invitó a Yeltsin a que subiera en uno de sus vehículos, que los hombres del mayor Otelo Saraiva de Carvalho en el cuartel de la Pontinha, en Lisboa, o que los militares rumanos que el 25 de diciembre de 1989 juzgaron y condenaron a muerte a Nicolae y Elena Ceauşescu. Todos se pusieron al lado de sus pueblos.

Desgraciadamente la élite aferrada al poder en Rumania no tuvo la visión de que les llegaba el final, y tuvieron que pagar muy caro la tozudez. 

Los cubanos que, aunque quizás no rompamos los records de las intolerancias, sí tenemos un prominente puesto en los primeros lugares,  deberíamos aprender de estas lecciones.

Si algo nos ha hecho tanto daño en toda la historia de nuestra nación ha sido el falso concepto de “salvar la cara” ante la necesidad de corregir nuestros propios errores. La intolerancia ha derrotado siempre al arte de la negociación, y cuando se fracasa, la culpa se les achaca a otros, o se buscan chivos expiatorios para explicar los desaciertos.

Cuando los fracasos son rotundamente incuestionables, se le echa mano al recurso de que hemos estado en la vía justa y correcta de proceder, solo que “se necesita actualizar el modelo”.

Mientras el país continúa cayéndose a pedazos sin ningún atisbo de posible recuperación, utilizando las bases corroídas en medio siglo de fracasos, permanece en pie el complejo de leyes, decretos y disposiciones que son la antítesis de cualquier posibilidad de avance.

No es necesario extendernos en explicar porqué. Ellos lo saben y lo sabe el mundo entero.

Sin embargo creo que tienen en sus manos una última posibilidad de ejecutar lo que es necesario, y a la vez  “salvar la cara”, ese maldito complejo que troncha cualquier posibilidad de negociación y avance.

El gobierno cubano suscribió el 10 de diciembre del 2008 el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Solo falta su ratificación por parte de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Si esto se hace con toda la seriedad y responsabilidad que merece, automáticamente se puede ir desmantelando todo lo que contradiga dichos acuerdos. Nuevas leyes, por lo general, contravienen a las viejas.

La primera oportunidad de salvar al país la tuvieron cuando desapareció el mundo comunista.

La segunda cuando el comandante se dio el autogolpe de Estado, cambiando la constitución.

A esta tercera, ojalá le hagan swing. En el noveno ining, con dos out y dos, strikes dejarla pasar por el centro del home seria el out 27, el último del juego.