Una “bodega” cubana, llena de lemas revolucionarios
pero con los anaqueles vacíos.
Hasta ahora, durante décadas hemos visto que el debate de cómo
restablecer en Cuba un estado de derecho y una democracia duradera se ha
centrado en los dos extremos de “mantener el embargo comercial” para no
dar oxígeno al régimen hasta que legalice partidos políticos y emprenda
reformas hacia un estado de
derecho y una legítima democracia o
“levantar el embargo” para quitarles el pretexto de plaza sitiada y de
infeliz víctima del “Imperialismo” legalizándose
las visitas de ciudadanos norteamericanos a la Isla para que, mediante
el contacto persona a persona, se influya al pueblo cubano en la
necesidad de cambios democráticos y el establecimiento de un estado de
derecho. Ambos criterios divergentes van precedidos de otras variadas
argumentaciones que por extensas no vamos a enumerar en su totalidad.
Sin
embargo, nunca he escuchado explicaciones objetivas de la justeza del
embargo y que las hay de sobra. Por lo general cuando se aborda este
tema todo queda en que “se legalicen partidos políticos y se convoque a
elecciones libres” lo que por lo menos a mí me deja más bien un amargo
sabor de imposición, prepotencia y tutelaje que en nada ayuda a la
transición y que más bien la obstaculiza.
En los antagonismos,
especialmente en los políticos y en sociedades culturalmente
intolerantes como las que heredamos de la colonización española con
todas las secuelas de despotismo, terquedad, arbitrariedad e
intransigencia, una exposición mesurada, clara y objetiva de los
razonamientos es más convincente que la imposición.
Creo que
Estados Unidos tiene en sus manos el instrumento idóneo para acelerar
una transición hacia la democracia en Cuba si aborda la cuestión de la
forma que debe hacerse y que llegue a la comprensión no solo de la
dirigencia de ese país sino de todos los cubanos en general dentro y
fuera de la Isla. Digo dentro y fuera de Cuba porque la mayoría
desconocen los fundamentos morales y de justicia en mantenerlo y que no
tiene nada que ver con el “Si no haces esto o lo otro el embargo se
mantiene”.
Si analizamos esta cuestión a través de un prisma
totalmente económico y despolitizado se puede afirmar que levantar las
sanciones económicas al régimen, como proponen muchos, incluyendo
algunos congresistas republicanos que representan a sectores agrícolas
norteamericanos que abogan por ello, es tremendamente injusto y hasta
resulta discriminatorio para los ciudadanos estadounidenses. Me explico:
En
Estados Unidos aunque parezca lo contrario, hay más control y
supervisión que en cualquier otro país sobre sus ciudadanos. Y todo
comienza con el historial de crédito del individuo, misión difícil pero
perfeccionada por EQUIFAX, EXPERIAN Y TRANSUNION, tres instituciones que
se dedican a computar y calcular ininterrumpidamente el promedio
crediticio de los norteamericanos. La ecuación es muy simple: si tienes
buen promedio de crédito en esos cómputos puedes comprar lo que desees
de acuerdo a tus posibilidades; si por el contrario no es satisfactorio
para las instituciones financieras, entonces se te complica la vida y se
te hace casi imposible adquirir ningún bien a tasas de interés
razonables, o probablemente no seas capaz de adquirir absolutamente nada
a crédito. Carlos Marx definió muy bien este asunto del crédito en sus Cuadernos de París cuando afirmaba que el crédito era “la expresión monetaria de la moral de una persona”.
Por
lo tanto, si el Gobierno cubano no paga sus deudas con los principales
países capitalistas desde hace décadas, y además no ha sido capaz de
honrar sus compromisos financieros con decenas de otros países
acreedores (la más reciente disputa de la deuda de 1,2 billones de
dólares con Rumanía es un buen ejemplo), ¿no resulta inmoral y
discriminatorio que Estados Unidos le concedieran créditos al régimen de
la Habana?
Mientras que cualquier ciudadano norteamericano al
dejar de pagar su hipoteca por un par de meses o las letras mensuales
del automóvil, se le va al piso el historial de crédito y con ello las
facilidades crediticias, ¿por qué otorgarle este privilegio a un
gobierno que si se somete a las normativas de EQUIFAX, EXPERIAN y
TRANSUNION no clasifica ni para comprar un velocípedo?
No estoy
analizando al gobierno cuyo ex presidente propuso asestar el primer
golpe nuclear contra Estados Unidos, no estoy analizando al personaje
que solo cuatro meses antes del 11 de Septiembre de 2001 manifestara en
Teherán que junto a los iraníes pondrían al “Imperio” de rodillas;
tampoco he querido analizar al régimen que encarceló a decenas de
escritores y periodistas independientes. Ni al que confiscó todas las
propiedades norteamericanas en la Isla valoradas en billones de dólares
sin ninguna compensación. Estoy simplemente analizando a un Gobierno
como un sujeto más en la arena de la economía de mercado y su mejor
juez, el Señor Crédito.
Pero hay algo probablemente más injusto
que la práctica discriminatoria de darle crédito a un régimen inmoral,
como llamaría Marx a estos gobernantes y negárselo a ciudadanos
norteamericanos que han tenido dificultades financieras para saldar sus
deudas, y es el hecho de que, de acuerdo a las leyes norteamericanas
dirigidas a incentivar a los inversionistas y empresarios, las empresas
están autorizadas por el Internal Revenue Service de Estados Unidos a
descontar de sus obligaciones de pagar impuestos las pérdidas incurridas
en sus negocios como resultado de incumplimientos de pago por personas o
instituciones que no han podido o no han querido honrar sus compromisos
financieros.
¿Cómo se traduce esto al caso de Cuba? Muy
sencillo, la corporación de granjeros John Doe de Iowa le vende a
crédito 200 millones de dólares en trigo al Gobierno cubano; dichos
dirigentes no honran la deuda y la John Doe Corporation, en su
declaración de impuestos del 15 de Abril, hace lo que los americanos
llaman el write off (el descuento
de los impuestos que debe pagar) de esa pérdida, y al final los platos
rotos los paga el contribuyente norteamericano, financiando a Castro
indirectamente a través de IRS de Estados Unidos. Entre esos
contribuyentes, por supuesto, los cientos de miles de cubanos que
tuvieron que salir de Cuba huyendo del régimen que les negaba toda
posibilidad de futuro y a una parte de los cuales se le confiscaron sus
propiedades, incluyendo la vivienda que habitaban, y que sí cumplen con
sus declaraciones de impuestos todos los años en los Estados Unidos.
Hasta
aquí nos hemos referido solo al aspecto del crédito que lógicamente de
levantarse el embargo sería una de las primeras ventajas a que
recurriría el Gobierno cubano para comprar en la acera de enfrente las
materias primas y los alimentos que necesita. Pero existen otros
obstáculos para levantar el embargo y que deben ser expuestos con toda
claridad para que los gobernantes en la Isla y el pueblo en general
estén consientes de que sería imposible al Gobierno de Estados Unidos
permitir inversiones en Cuba mientras se mantenga el sistema esclavista
estatal de permitir la contratación de empleados solo a través de las
agencias gubernamentales. Sencillamente las prácticas de la esclavitud
se abolieron en Estados Unidos hace más de un siglo al costo de una
sangrienta guerra civil con centenares de miles de muertos, y moralmente
la patria de Lincoln no puede retroceder al pasado. Dejando bien claro
que es la actual administración de la Isla la que impide las inversiones
norteamericanas por sus prácticas esclavistas. Sin la libre
contratación de sus empleados no podrán regresar esas inversiones.
Otro
aspecto discriminatorio que obstaculiza el levantamiento del embargo es
la prohibición por parte del Gobierno de Cuba para que los ciudadanos
de ese país puedan ser verdaderos empresario y, participar en una
genuina economía de mercado, más allá de remendar zapatos, reparar
relojes o servir mesas. ¿Que Castro no lo va a permitir, como declaró el
canciller Bruno Rodríguez no hace mucho en New York, alegando que lo
que necesitaban eran millones en inversiones? Bueno, ese es un problema
del Gobierno cubano. Los Estados Unidos tienen millones de ciudadanos de
origen cubano muchos de los cuales con muy buen crédito y que pueden
garantizar a sus familiares en Cuba los préstamos que necesiten para
emprender negocios. Negar esa posibilidad es convertirse en cómplice de
un apartheid económico en el cual moralmente no puede participar Estados
Unidos.
¿No sería mucho más comprensible desde todo punto de
vista que los cubanos residentes en Estados Unidos en lugar de enviar
dinero constantemente a sus familiares para que subsistan y sean cada
vez más dependientes del régimen que los explota, les proporcionen los
recursos financieros para que ellos se pongan de pie e inicien su nueva
vida por cuenta propia y rompan con el parasitismo que un régimen les ha
inoculado como reflejo de su mismo proceder?
Si algo tiene que
quedar bien claro al Gobierno cubano y a los que abogan por el
levantamiento de las restricciones a los viajes turísticos de
norteamericanos a Cuba que es otra de las ventajas que ocurriría de
levantarse el embargo es que, mientras existan leyes que penalizan todo
lo que el régimen considera que pueda retar su poder, el Gobierno de
Estados Unidos no está en disposición de poner en peligro a sus
ciudadanos ni suministrarle gratuitamente al régimen de la Habana más
rehenes. Con Alan Gross ha tenido suficiente.
Los tanques
pensantes del Gobierno cubano, esos economistas y oficiales responsables
que con tanta dedicación trabajaron en el “Perfeccionamiento
Empresarial”, y que ahora por los últimos decretos tratarán de implantar
en toda Cuba dicho sistema de autogestión, deben comprender que en la
actual globalización económica todo el engranaje jurídico que sea un
obstáculo para las inversiones extranjeras, el financiamiento y todo
proyecto conjunto de desarrollo, resulta imposible sin cambiar todas
esas leyes represivas que coaccionan y obstruyen el incentivo a la
inversión.
En un país donde las leyes están estructuradas para
considerar como delito cualquier proceder que no convenga a los
intereses de los gobernantes, no ofrece ningún atractivo al capital
extranjero. Y sin este, por mucho que traten de “Perfeccionar” lo
torcido, jamás lograrán enderezarlo. Que le pregunten a los yugoslavos,
que experimentaron estos “perfeccionamientos” hace medio siglo, y
terminaron desintegrándose como nación.
Un hombre del mundo
EL BLOG DE RAFAEL DEL PINO
sábado, 5 de enero de 2013
viernes, 14 de diciembre de 2012
LAS FAR Y EL CAMBIO
Algunos lectores me preguntan si en los momentos actuales las FAR como
institución pueden hacer algo para impulsar reformas políticas
o económicas dentro de Cuba.
En mi opinión, los think-tanks que existen dentro de las fuerzas
armadas, a los que por lo general se les conoce como
“Comisiones de trabajo”, se utilizan para analizar y
proponer direcciones a seguir en determinados campos, ya sean
tecnológicos, económicos o políticos, pero tienen pocas
posibilidades de hacer recomendaciones factibles que influyan
sobre las políticas del gobierno. Sencillamente porque por
muy objetivas y buenas que sean, la dirigencia del país, si
considera que pueden afectar en lo más mínimo su poder
absoluto, las rechaza o engaveta.
Voy a poner un breve ejemplo. Tiene que ver con los planes quinquenales
que se elaboraban con la contraparte de las Fuerzas Armadas
Soviéticas para el desarrollo perspectivo de las FAR cubanas.
El plan quinquenal que debía comenzar a principios de 1988 preveía
que la URSS suministrara a Cuba, entre diferentes tipos de
armamentos y tecnologías para las distintas ramas de las FAR,
un regimiento de aviones de combate MiG-29, compuesto de 35
aeronaves de ese tipo con todos sus medios de aseguramiento
terrestre. Inexplicablemente para el régimen, el nuevo
gobierno soviético encabezado por Mijail Gorbachov le hizo
saber al gobierno cubano que no podía cumplir semejante
planificación quinquenal, y que en lugar de los 35 MiG-29
entregarían seis, cuatro de combate y dos de doble cabina de
entrenamiento. Y que los veintinueve aviones restantes que se
dejarían de entregar serian sustituidos por aviones de ataque
a tierra SU-25.
El SU-25 era un equipo que
los soviéticos construyeron tratando de equipararse a los
A-10 Thunderbolt norteamericanos, que han sido los caballos de
batalla en la destrucción de objetivos terrestres en las últimas
guerras libradas por Estados Unidos. La diferencia fundamental
radicaba en que el SU-25, como la inmensa mayoría de las
aeronaves soviéticas, tenía un consumo excesivo de
combustible, que le imposibilitaba llegar a más de 100 kilómetros
con todo su armamento colgado.
Siempre mantuve muy buenas relaciones de trabajo con el General Julio
Casas. Fue uno de los jefes más pragmáticos que he conocido,
y entre sus mayores atributos estaba tomar decisiones
escuchando las diferentes opiniones de sus subordinados.
Julio
acostumbraba a consultarme diferentes criterios sobre aviación
aunque no fueran de mi esfera de responsabilidad, que era el
control
del
espacio aéreo nacional a través
del
Centro Nacional Conjunto de Planificación y Dirección de los
vuelos.
Como
en otras ocasiones, Amadito, su jefe de despacho me llama
preguntándome si podía bajar a la oficina de Julio, que
deseaba hablar conmigo. Mis oficinas estaban en el piso
superior al
del
general.
Nos saludamos, me informa sobre la última propuesta de los soviéticos
referente a los cambios en la entrega de los MiGs-29, y me
pregunta mi opinión al respecto. Le respondo que era
preferible recibir solo los seis Mig-29, y le explico que la
propuesta de los SU-25, además de ser una maniobra de los
soviéticos para limpiarse con nosotros al no cumplir sus
compromisos, nos crearía innumerables problemas, ya que
siempre por décadas tuvimos solamente la línea de aviones de
combate MiGs, y adquirir aviones Sukhoi representaba
diferentes piezas de repuesto, diferente preparación técnica
del personal, diferentes almacenes, diferentes armamentos, y
arriba de eso tendríamos unos aviones que ni siquiera podían
llegar al enemigo más cercano a 90 millas, dado su
restringido radio de acción.
Desconozco que proposición le habrán hecho otros especialistas, pero
lo cierto es que Julio le planteó al Ministro de las FAR Raúl
Castro que era mejor no aceptar los SU-25.
Días después, vuelvo a ser llamado por el general y me dice que Raúl
Castro había entendido el argumento que él había planteado
basado en los razonamientos que habíamos analizado, pero que
al planteársele el asunto a Fidel Castro este respondió que
no, que se aceptarían esos aviones, pero que para no crear
los problemas lógicos que se esgrimían en su contra debíamos
pedirle a los soviéticos que situaran esos aviones en Angola
para ser utilizados contra la UNITA, y posiblemente contra los
sudafricanos. Y si se ponían de baja o los destruían, pues
por lo menos hubieran cumplido su cometido de ser usados en
guerra.
En esa misma reunión con Julio Casas le abordé un tema que estaba
dando vueltas por todos los pasillos de la DAAFAR, sobre 50
becas que los soviéticos estaban ofreciendo para que jóvenes
oficiales fueran a estudiar cinco años en la URSS la carrera
de “Ingenieros Navegantes”.
Ya comenzaban los primeros GPS en el uso militar. No pude contenerme y
le dije: “General ¿qué usted me respondería si yo le
propongo un curso de cinco años para jóvenes cadetes hacerse
ingenieros en arcos y flechas o en mosquetes?” se echo a reír
y me contestó “Mandarte palcarajo”.
Por aquella respuesta supe que Julio Casas tampoco estaba de acuerdo
con aquello, pero al igual que con los SU-25, había que
aceptar todo lo que dieran los soviéticos, así fuera haciéndoles
perder a jóvenes, que pudieron haber estudiado cualquier cosa
realmente útil, cinco de los mejores años de sus vidas.
Poco tiempo después rompí definitivamente con el régimen.
Supe más tarde que aquellos jóvenes, incluidos en ellos
muchos hijos de dirigentes, fueron enviados para perder
miserablemente el tiempo. Ninguno, por lógica elemental, llegó
a desempeñar esas funciones de ingenieros en técnicas
desaparecidas.
El gran trabajo desplegado por un grupo de oficiales en el campo económico,
para implantar la autogestión de las empresas conocida como
“Perfeccionamiento Empresarial”, hace casi 20 años fue
boicoteado e ignorado por el propio Fidel Castro, y ahora al
parecer sale del closet, desempolvándose las telarañas,
reencarnado en uno de los dos últimos “grupos de apoyo”
que acaba de sancionar el gobierno en sus recientes decretos
leyes y decretos números 295, 302 y 303/2012.
Quizás les funcione, hay que esperar. Pero cuando un enfermo terminal
ha pasado 20 años en muerte vegetativa todo hace indicar que
es preferible desconectarlo que revivirlo.
Este afán de regirlo todo tercamente, aun a costa de dañar no solo a
las propias instituciones militares, a jóvenes de familias
revolucionarias, y a la economía del país,
no se limitó a cuestiones relativas a la técnica
militar y a futuros cuadros, sino que hasta en cuestiones tan
importantes, como rendir tributo a los propios mártires caídos,
tenía que ser decidido solamente desde la máxima dirección
del país.
Voy a citar solo otro ejemplo más:
En una oportunidad los asesores soviéticos me preguntan por qué los
veteranos de Playa Girón no nos reuníamos una vez al año
como hacían ellos en la URSS con los veteranos de muchas de
las unidades que combatieron en la segunda guerra mundial.
Pero que no fuera el clásico acto oficial que todos los años
el gobierno organizaba en dichas fechas, sino que fuera una
reunión entre hermanos que habían participado en aquel
episodio.
Me gustó la idea y lo comenté con diferentes compañeros
participantes en los combates de Playa Girón, que también la
consideraron una idea formidable. Incluso uno de ellos me
propone iniciar estos encuentros develando una tarja en la
propia rampa de vuelo de la base aérea de San Antonio de los
Baños, desde donde despegaron los pilotos y las tripulaciones
que ofrendaron sus vidas. (Todavía a estas alturas nada
existe allí dejando constancia del sacrificio de aquellos
hombres)
En uno de mis encuentros frecuentes con Julio Casas le transmito la
idea, y a los pocos días, después de consultarla con el
Ministro de las FAR, al coincidir ambos en el comedor de los
jefes, me dice que me olvide de esas propuestas. Nada de
asociaciones de veteranos, ni reuniones de ex combatientes
para conmemorar nada. Ese derecho solo lo tenía la máxima
dirección del Partido.
Para esa fecha, ya Douglas y Prendes habían sido excluidos de todo
tipo de actos públicos por la victoria de Playa Girón.
Aunque cada 17 de Abril, haciendo caso omiso a las
imposiciones del régimen, nos encontrábamos en casa de
Prendes, y teníamos nuestra propia conmemoración con el ron
que yo encontrara y las chucherías que ya Douglas y Prendes
habían forrajeado por los mercaditos de venta libre que
abundaban en aquella época de “vacas gordas”.
Aquel 17 de Abril de 1987 que celebré junto a Prendes y Douglas fue mi
último en Cuba. Al mes siguiente, el 28 de Mayo puse proa a
la libertad.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Caída libre
Vilma Rodríguez Castro con su abuelo, el gobernante cubano Raúl Castro.
Vilma Rodríguez Castro, nieta del presidente cubano Raúl Castro, viajó de visita a Estados Unidos para asistir a la VI edición de la feria de arte latinoamericano contemporáneo PINTA 2012. Según se dice, viajó como acompañante de su novio, el pintor cubano Arlés del Rio, invitado a dicha feria.
Inmediatamente se revolvió el gallinero y comenzaron los asombros y señalamientos. Que si “Llevaba zapatos Chanel, cartera Louis Vuitton y reloj Rolex como si fuera lo más natural del mundo”. “Que si la familia de los Castro tienen el beneplácito de la administración de Obama para visitar este país”. Y hasta se molestaron cuando el Departamento de Estado cumpliendo con las leyes federales les aclaró que mantenía la política de confidencialidad establecida, y con todo ese derecho se negó a dar explicaciones.
Unos meses antes se había formado algo parecido con Mariela Castro, la hija de Raúl, cuando fue autorizada a participar en una conferencia en San Francisco.
En medio de ese revolico no podían faltar las declaraciones de congresistas cubanoamericanos quejándose sobre la situación, enviando cartas a la Secretaria de Estado Hillary Clinton para aconsejarle que debía revisar con más detenimiento y mejor juicio las solicitudes de visas.
Vilma Rodríguez Castro, nieta del presidente cubano Raúl Castro, viajó de visita a Estados Unidos para asistir a la VI edición de la feria de arte latinoamericano contemporáneo PINTA 2012. Según se dice, viajó como acompañante de su novio, el pintor cubano Arlés del Rio, invitado a dicha feria.
Inmediatamente se revolvió el gallinero y comenzaron los asombros y señalamientos. Que si “Llevaba zapatos Chanel, cartera Louis Vuitton y reloj Rolex como si fuera lo más natural del mundo”. “Que si la familia de los Castro tienen el beneplácito de la administración de Obama para visitar este país”. Y hasta se molestaron cuando el Departamento de Estado cumpliendo con las leyes federales les aclaró que mantenía la política de confidencialidad establecida, y con todo ese derecho se negó a dar explicaciones.
Unos meses antes se había formado algo parecido con Mariela Castro, la hija de Raúl, cuando fue autorizada a participar en una conferencia en San Francisco.
En medio de ese revolico no podían faltar las declaraciones de congresistas cubanoamericanos quejándose sobre la situación, enviando cartas a la Secretaria de Estado Hillary Clinton para aconsejarle que debía revisar con más detenimiento y mejor juicio las solicitudes de visas.
En Miami, la congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen criticó
abiertamente el visado otorgado a Rodríguez diciendo que “esta clase de permisos no
aportan al esfuerzo desplegado por la libertad y democratización del pueblo cubano”. Y que: “Era vergonzoso que esta
administración continuara entregándole su beneplácito a los dictadores de La
Habana mientras estos continúan con su odio y violenta represión del pueblo
cubano”.
Con todo el respeto que se merecen los congresistas cubanoamericanos
yo no le veo por ninguna parte razón alguna para prohibir la entrada a Estados
Unidos a familiares de los gobernantes cubanos por muy canalla que pudiese
haber sido el tío, el padre, el abuelo o el tatarabuelo. Especialmente esta
muchacha que viene invitada por su novio a una reunión de arte que no tiene
ninguna vinculación política. Además de que ella se negó hablar con nadie pues
sencillamente no le interesa la política.
¿Paga el gobierno de Estados Unidos con el dinero de los contribuyentes
los viajes de estas personas? ¿Sufragan
los gastos de hospedaje, comida y transporte? ¿Vienen estas personas a
significar una carga para el país o a pedir asilo político? Si nada de esto es
así ¿Por qué entonces significa un “insulto a la comunidad cubana en el exilio entregarles
una visa”? No se le dan visas para mencionar solo un ejemplo, a cuanto hijo,
sobrino, nieto, cuñado o sirviente de la familia real de Arabia Saudita desea
viajar a Estados Unidos, un país donde todavía decapitan a los reos en las
plazas públicas o matan a mujeres a pedradas
en medio de la calle y son de los más grandes violadores de los derechos
humanos en el mundo.
Parece que los políticos republicanos no han asimilado todavía la
aplastante derrota sufrida en los últimos comicios presidenciales. No les dice
nada que Obama haya alcanzado el 48% del voto cubano. No les dice nada tampoco
que en 1988 el 85% votaba republicano, en el 2004 fue el 75%, en el 2008 el 65%
y este 2012 solo 52%.
Por grupos hispanos, el
83 % de los puertorriqueños votó por Obama y 17 % por el candidato republicano;
el 79 % de los suramericanos sufragó por el demócrata y el 21 % por Romney. En
cuanto a los suramericanos, el 92 % de los brasileños votó por Obama y el 8 %
por Romney; el 82 % de los peruanos sufragó demócrata y el 18 % republicano y
el 80 % de los colombianos favoreció a Obama y el 20 % a Romney. Hasta el 76 %
de los venezolanos votó por Obama y el 24 % por los republicanos, algo totalmente sorprendente.
¿Qué mensaje está enviando esta tendencia de decadencia en ese voto
republicano de los cubanoamericanos? ¿Qué inferencia pueden sacar los políticos
republicanos de la enorme pérdida de apoyo latino?
Este nuevo alboroto con las visitas de familiares de gobernantes
cubanos solo están reflejando que se mantienen estáticos, paralizados y
aferrados a un discurso que ya no aguanta nadie.
Cuando veo estas actitudes de sitiadores, de constructores de barreras
y alambradas en nuestro propio patio, me pregunto hasta dónde pueden llegar en
su ineficacia política. Es evidente que ni siquiera se percatan de que es el
mismo Partido Republicano el que les va a pasar la cuenta. En la
restructuración que avecina, ellos están en la primera fila de los que de
inmediato han de pasar a retiro por alta conveniencia de servicio. Lo cierto es
que, al menos de cara al electorado hispano, han embarcado a la vieja
institución con el más obstinado e incongruente de los discursos.
jueves, 15 de noviembre de 2012
MISION CONSENTIDA
El hombre que detuvo los tanques en la Plaza de Tiananmen
En Latinoamérica y otros países subdesarrollados el papel jugado
por las fuerzas armadas en las luchas por el poder, en las
interrupciones de los cauces democráticos, y en la imposición de
dictaduras de derecha y de izquierda, han contribuido
indudablemente al sofisma de que son las instituciones militares
las que tienen en sus manos las mayores posibilidades de
impulsar cambios políticos y económicos en esas sociedades.
Sin embargo, resulta muy significativo que en todas las
dictaduras que existieron en el desaparecido mundo comunista de
la Europa del Este, el papel de las fuerzas armadas de esos
países en el cambio hacia la democracia fue casi en su totalidad
pasivo, acatando los mandos militares la voluntad popular
expresada en las masivas demostraciones populares que
precedieron el desmoronamiento y posterior desintegración de
todo el imperio soviético.
Solo en Rumania se intentó ahogar el clamor popular reprimiendo
violentamente las manifestaciones populares que se iniciaron en
Timisoara, la tercera ciudad en importancia del país, y que
después se extendieron a toda la nación, provocando la caída del
dictador Nicolae Ceauçescu y su posterior captura y ejecución
por los militares rumanos.
Es necesario destacar que las represiones que tuvieron lugar
contra las manifestaciones populares fueron ejecutadas por la
policía política y unidades anti-motines del Ministerio del
Interior, nunca por unidades de las fuerzas armadas.
Para encontrar explicaciones del por qué se comportaron estas
instituciones de esa manera en todos los países totalitarios,
incluida la URSS como cabeza del imperio, y el por qué en Cuba,
que es la única dictadura que queda en pié en el continente
americano, no debe diferenciarse mucho de sus desaparecidos
homólogos del este de Europa, es necesario abordar el tema desde
diferentes ángulos.
Se debe comenzar por analizar cuáles son los objetivos y
misiones de las fuerzas armadas en cualquier país. Esto nos
lleva a que esa institución está concebida para defender la
nación de una agresión extranjera, y para ese fin se forman, se
organizan y se preparan.
En las dictaduras, como las que desaparecieron en Europa del
Este, y como la existente en Cuba y Corea del Norte, es
condición indispensable la centralización de todo el poder, con
el fin de mantener el control sobre la sociedad. Esto lleva a
institucionalizar severamente qué papel le toca a cada
uno de los organismos creados por el gobierno para asegurar su
supervivencia. De ahí que el régimen organiza su Ministerio del
Interior, lo prepara y lo equipa, para llevar a cabo el
mantenimiento del orden, el espionaje a la población, y la
represión contra toda oposición, quedando las Fuerzas Armadas
solamente para la defensa del país en el rechazo de una agresión
extranjera.
Esas misiones y objetivos específicos dados a las FAR no solo
quedan institucionalizados en leyes nacionales y Reglamentos de
Combate, sino que van más allá, y periódicamente, de acuerdo a
los conceptos del gobierno de cómo puede conducirse una agresión
extranjera, elaboran la “idea estratégica” de cómo llevar a cabo
la defensa del país, se le plantea al ministro de las FAR, y
este elabora todos los planes necesarios para darle
cumplimiento.
Como Cuba es una isla sin fronteras terrestres ni conflictos
fronterizos con ningún otro país, el único enemigo que siempre
ha previsto el régimen cubano de Fidel Castro ha sido Estados
Unidos, y por tanto, la misión fundamental de sus fuerzas
armadas es la de rechazar sus desembarcos navales y aéreos.
El ministro de las FAR, a su vez, en base a la misión recibida
por el presidente, firma en la parte inferior derecha y presenta
al gobierno sus planes para cumplir con la “Operación
Estratégica Contra-Desembarco del País”. El Comandante en Jefe,
que en este caso es ahora Raúl Castro, aprueba dichos planes y
los firma en la parte superior izquierda de los mapas en que se
refleja la operación, así como todos los documentos adjuntos.
A partir de ese momento, se produce de modo secuencial el mismo
procedimiento en orden descendente, desde el Ministro de las FAR
hacia los jefes de Ejércitos, de estos hacia los jefes de
Divisiones, y así sucesivamente hasta los jefes de Regimientos y
otras unidades. Los jefes de Ejércitos y jefes de grandes y
medianas unidades (Divisiones y Regimientos) firman sus
respectivos “Planes de Acciones Combativas” para
cumplir con la parte que le corresponde a cada uno en la idea
general de la “Operación Estratégica Contra-desembarco del
País” en el borde inferior de los mapas, y sus jefes
superiores, después de hacerle las correcciones que estimen
pertinentes, los aprueban y firman en la parte superior
izquierda de dichos mapas y documentos adjuntos.
He tratado de sintetizar lo más posible la explicación de este
engranaje legal para que se comprenda bien la idea a
continuación.
Al concluirse este proceso, queda totalmente establecido por
ley, cómo, cuándo y qué debe hacer cada jefe militar para
cumplir con su deber. O como señaló en una oportunidad Raúl
Castro, hace muchos años, siendo Ministro de las FAR: “la
orden del jefe es ley, que encarna el mandato y voluntad de la
patria”.
Vayamos ahora a ejemplos concretos de por qué Cuba no debe ser
diferente a todos los países que sufrieron regímenes
totalitarios, y donde en ninguno las fuerzas armadas actuaron
contra la población civil cansada de la opresión.
Pongamos un ejemplo hipotético que puede desencadenarse en
cualquier lugar de la isla. Digamos que el pueblo de Santiago de
Cuba, hastiado del total olvido del régimen de sus necesidades y
las miserables condiciones de vida, inicia protestas masivas
contra la tiranía. Es reprimido por las fuerzas del Ministerio
del Interior que tienen esa tarea, pero llega un momento en que
son incapaces de contener la ira popular, y se ven obligados a
deponer sus armas o escapar. Ante esta situación desesperada, el
gobierno ordena al jefe del Ejercito Oriental que envíe los
tanques de la 56 División de Infantería Moto- mecanizada,
encargada de defender los accesos a la ciudad en un eventual
desembarco de la infantería de marina de Estados Unidos, para
tratar de sofocar el levantamiento popular.
Desde el momento en que el ministro de las FAR emite esa orden
está violando la ley, pues él ya ha firmado y aprobado los
respectivos planes de sus jefes subordinados, y cambiándole las
misiones se está haciendo responsable de las muertes y
destrucciones que puedan ocurrir, lo que implica que puede ser
juzgado por genocidio, y hasta condenado a muerte por las
propias leyes cubanas vigentes* en la actualidad. La misma
implicación tendrían los jefes de ejército y jefes de grandes y
pequeñas unidades que se atrevan a cumplir semejante orden,
contraria a sus deberes específicos firmados y aprobados.
Analizando este escenario con otros colegas militares en el
exilio, me ponían de ejemplo el caso de Siria, donde el régimen
hasta bombardea indiscriminadamente con la aviación leal sus
propias ciudades, incluyendo barrios de la capital. La
diferencia que yo veo entre Siria y el régimen cubano no está en
su similitud tiránica, sino en una condición especial que en su
momento le fue beneficiosa al régimen cubano y ahora se le
convierte en un boomerang, y consiste en ser una isla sin
conflictos fronterizos de ningún tipo. El régimen de Bashar
al-Assad trata constantemente de acusar a terroristas
internacionales que a través de la frontera con Turquía han
invadido el país, alegando que son miembros de Al Qaeda y
fundamentalistas islámicos procedentes de Libia. Y aunque, por
supuesto, puede haber algunos, ese no es el caso de Cuba.
Existe otro factor a tener en cuenta en las diferencias entre
Siria y Cuba. Por muchos exiliados sirios que haya en Estados
Unidos, nunca llegan a más del 10 por ciento de su población,
como ocurre con los cubanos. Ni tampoco hay congresistas
sirio-americanos en el congreso estadounidense, que puedan
influir con la misma fuerza que influyen los de origen cubano en
ese órgano del poder legislativo. Lo que indudablemente llevaría
a la administración de turno en la Casa Blanca a aplicar las
técnicas modernas de los Drones para descabezar a la dirigencia
del país y jefes militares principales, por sus actos de
genocidio contra la población civil, sin necesidad de una
invasión o intervención militar con presencia física de tropas
de Estados Unidos en territorio cubano.
Los nuevos adelantos tecnológicos en la guerra robótica han
cambiado por completo las reglas del juego. Dudo que los
principales jefes militares en Cuba estén ajenos a esto.
LEY No. 62: CÓDIGO PENAL DE CUBA Y LEY NO. 87, MODIFICATIVA DEL
CÓDIGO PENAL
SECCIÓN SEXTA: Genocidio
ARTÍCULO 116.
1. Incurre en sanción de privación de libertad de diez a veinte
años o muerte el que, con la intención de destruir, total o
parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso
como tal:
a) someta a este grupo a condiciones de existencia que
constituyan una amenaza de exterminio del grupo o de algunos de
sus miembros;
2. En igual sanción incurre el que, violando las normas del
Derecho Internacional, bombardee, ametralle o ejerza sevicia
sobre la población civil indefensa.
Nota aclaratoria.
Cuando el general Augusto Pinochet fue instruido de cargos en
España por el delito de genocidio, su defensa trató de
desvirtuar los cargos alegando que en dicho encausamiento se
había “reinterpretado el crimen de genocidio”, a lo que el Pleno
de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional de España
argumentó que en los hechos imputados en el sumario estaba
presente, de modo ineludible, la idea del exterminio de grupos
de la población chilena.
Fue una acción de persecución y
hostigamiento tendente a destruir a un determinado sector de la
población, un grupo, sumamente heterogéneo, pero diferenciado.
El grupo perseguido hostigado lo formaban aquellos ciudadanos
que no respondían al tipo prefijado por los promotores de la
represión, como propio del orden nuevo a instaurar en el país.
El grupo lo integraban ciudadanos contrarios al régimen militar
del 11 de septiembre, contrarios al entendimiento de la
identidad de la nación, de los valores nacionales, que era
sostenido por los nuevos gobernantes, pero también ciudadanos
indiferentes al régimen y a ese entendimiento de lo nacional. La
represión no pretendió cambiar la actitud de grupo, sino
destruir el grupo por medio de las detenciones, torturas,
desapariciones, muertes... No fue una actuación al azar
(Véase Rollo de Apelación 173/98. Sección primera. Sumario 1/98,
Juzgado Central de Instrucción número seis, Madrid, 5 de
noviembre de 1998, pp. 8 y 9.)
sábado, 10 de noviembre de 2012
Despertar
Con el colectivo de oficiales alemanes en la Academia Superior de Guerra
Yuri Gagarin. De pie, en el mapa desplegado a la izquierda, el entonces
coronel Rafael del Pino. A la derecha, el traductor capitán Oleg
Vacilievich. Sentados, los oficiales alemanes de la facultad.
Durante mis estudios en la Academia Superior de Guerra Yuri Gagarin de la desaparecida URSS uno de los colectivos con que más afinidad logré tener fueron los oficiales alemanes de nuestra misma facultad. Eran los más disciplinados, los más estudiosos, los más prácticos y no puedo decir que los más inteligentes pero sí los de mente más abierta de los que allí cursábamos estudios.
En los juegos militares que realizábamos en los mapas, después de que los profesores nos daban la composición de las tropas propias y las del enemigo que debíamos enfrentar, nos tocaba una de las tareas más tediosas de todo el ejercicio, dibujar con símbolos la ubicación en los mapas de las unidades militares y los posibles movimientos tanto del enemigo como los nuestros.
Para dicha tarea poseíamos una regla plástica con diferentes perforaciones en forma de rectángulos, círculos, números, siluetas de banderas etc. En las que introduciendo los lápices de colores podíamos dibujar en el mapa las posiciones de los regimientos, brigadas, divisiones y demás unidades de combate. Aquello resultaba interminable y era raro que pudiéramos terminar de reflejar la situación en los mapas en el tiempo que daban los profesores. Sin embargo, era curioso que los alemanes terminaran en diez minutos lo que a nosotros y a los propios soviéticos nos tomaba horas.
En uno de estos juegos militares me propuse descubrir el secreto de los teutones para irse siempre delante de todo el mundo. En aquella época en las academias militares de la URSS solo se permitía fumar en los baños y cuando los oficiales cubanos y de otras nacionalidades, como los mongoles, estábamos luchando con la dichosa reglita plástica de huequitos, ya escuchábamos las risotadas de los alemanes desde los baños, fumando y haciendo cuentos. No pude resistirme y me les colé en su aula donde efectivamente habían terminado en diez minutos de plasmar en los mapas las unidades para la tarea. Apurándome antes de que regresaran, reviso cómo diablos aquella gente había elevado a ese extremo la productividad y me doy cuenta de que los muy bandidos habían diseñado unas calcomanías con todas las figuritas que nosotros debíamos dibujar a mano y simplemente iban despegándolas del papel donde venían, para después pegarlas en el mapa. Nada de reglitas, ni de lápices de colores, ni de plumones. Nada de kindergarten.
Cuando le cuento a mi mejor amigo alemán Gerhard Reuschel lo que había descubierto se desternilló de la risa y me aseguró que me iba a dar algunas de esas calcomanías, no sin antes aclararme en broma que no quería verme a la par de los “mongoles”. A partir de aquel día el pinareño se despegaba del pelotón de los mongoles terminando también bastante rápido aunque nunca como los germanos. Una prueba más de que los pinareños, aunque no seamos arios, podemos superar a los descendientes de Genghis Khan.
Gerhard Reuschel, más que un amigo y colega, se convirtió en un hermano para mí. Todos los fines de semana cenábamos juntos y su esposa Regina se desvivía en atenciones. Aunque el Gobierno cubano y de Alemania del Este a través de la Stasi y la CIM prohibía los contactos personales entre los oficiales de ambos países siempre nos la arreglamos para mantener comunicación al concluir nuestros estudios en la Academia Superior de Guerra.
Mi mayor sorpresa la tuve cuando nos encontramos a fines de los años setenta en el lago Balatón en Hungría. Yo le había comunicado que viajaba de vacaciones a dicho lago por quince días y se las arregló para conducir desde Alemania hasta Balatón y encontrarnos en la residencia de László otro viejo amigo húngaro de la academia Yuri Gagarin.
Como en toda velada donde se reúnen viejos camaradas terminamos inevitablemente en el tema político. A mí ingenuamente se me ocurre decirle a Gerhard que yo consideraba que la RDA había sido exitosa en la construcción del socialismo. Que a pesar de haber sido destruidos durante la II Guerra Mundial y haber tenido que reedificar todo el país, que había quedado en ruinas, habían logrado un aceptable nivel de vida, eliminando incluso la libreta de racionamiento. Sin embargo nosotros en Cuba continuábamos con nuestras penurias y no se avizoraba luz alguna al final del túnel.
— “¿Qué han hecho ustedes que no hemos hecho nosotros?”, les pregunté.
Se miraron uno a otro y rompieron a carcajadas.
— “Nada, Rafael, no hemos hecho nada diferente, es la misma mierda que tienen ustedes.”
Me quedé frío. Hasta pasadas las tres de la mañana escuché historias increíbles que a veces me hacían dudar de su veracidad.
Al caer el muro de Berlín mi amigo Gerhard era ya general igual que yo y estaba al frente de la 1era División DAFFAR, encargada de la defensa aérea de la región más importante de la República Democrática Alemana. Al ocurrir aquel histórico acontecimiento grupos de ex oficiales en retiro acudieron a su cuartel general para solicitar armas en defensa del régimen. La actitud firme de Gerhard impidió un posible desenlace fatal y logró convencer a todos aquellos hombres que los cambios que se sucedían vertiginosamente salvarían a la nación. Estaba en lo cierto.
Al unificarse Alemania, muchos de los altos oficiales permanecieron en sus puestos, especialmente los pilotos de los MiG-29 que pasaron a formar una unidad especial de la OTAN encargada de simular la aviación enemiga durante ejercicios y entrenamientos. Mi amigo Gerhard pasó a retiro y abrió una exitosa empresa de consultoría en la ciudad de Odesa en Ucrania. Para todos hubo un día después y sus vidas cambiaron para mejor, mucho mejor que la que vivían bajo la camisa de fuerza y la mordaza. Mi otro afecto, el Coronel Udo Sadzu, jefe de los MiG-29ª, cruzó repetidas veces el Atlántico con sus aviones para realizar ejercicios conjuntos con los F-15 de la USAF. En 2003 los alemanes recibieron los nuevos Eurofighters Typoon, los MiG-29A fueron vendidos a Polonia y en el ese mismo año realizaron el ejercicio “Sniper 2003” en la base aérea de Eglin en la Florida como despedida de los Mig-29.
Me contaba Gerhard que después de mi ruptura con el régimen castrista la Stasi no le perdía ni pie ni pisada. Ellos sabían que éramos grandes amigos y era lógico que así sucediera. Lo que no sabía la Stasi era que había sido precisamente Gerhard desde aquel encuentro en el lago Balatón quien había encendido la chispa que condujo a mi despertar.
Mi amigo perdió la vida en un accidente automovilístico el 9 de junio del 2002. Estas son las horas que un viejo camarada no lo olvida.
Durante mis estudios en la Academia Superior de Guerra Yuri Gagarin de la desaparecida URSS uno de los colectivos con que más afinidad logré tener fueron los oficiales alemanes de nuestra misma facultad. Eran los más disciplinados, los más estudiosos, los más prácticos y no puedo decir que los más inteligentes pero sí los de mente más abierta de los que allí cursábamos estudios.
En los juegos militares que realizábamos en los mapas, después de que los profesores nos daban la composición de las tropas propias y las del enemigo que debíamos enfrentar, nos tocaba una de las tareas más tediosas de todo el ejercicio, dibujar con símbolos la ubicación en los mapas de las unidades militares y los posibles movimientos tanto del enemigo como los nuestros.
Para dicha tarea poseíamos una regla plástica con diferentes perforaciones en forma de rectángulos, círculos, números, siluetas de banderas etc. En las que introduciendo los lápices de colores podíamos dibujar en el mapa las posiciones de los regimientos, brigadas, divisiones y demás unidades de combate. Aquello resultaba interminable y era raro que pudiéramos terminar de reflejar la situación en los mapas en el tiempo que daban los profesores. Sin embargo, era curioso que los alemanes terminaran en diez minutos lo que a nosotros y a los propios soviéticos nos tomaba horas.
En uno de estos juegos militares me propuse descubrir el secreto de los teutones para irse siempre delante de todo el mundo. En aquella época en las academias militares de la URSS solo se permitía fumar en los baños y cuando los oficiales cubanos y de otras nacionalidades, como los mongoles, estábamos luchando con la dichosa reglita plástica de huequitos, ya escuchábamos las risotadas de los alemanes desde los baños, fumando y haciendo cuentos. No pude resistirme y me les colé en su aula donde efectivamente habían terminado en diez minutos de plasmar en los mapas las unidades para la tarea. Apurándome antes de que regresaran, reviso cómo diablos aquella gente había elevado a ese extremo la productividad y me doy cuenta de que los muy bandidos habían diseñado unas calcomanías con todas las figuritas que nosotros debíamos dibujar a mano y simplemente iban despegándolas del papel donde venían, para después pegarlas en el mapa. Nada de reglitas, ni de lápices de colores, ni de plumones. Nada de kindergarten.
Cuando le cuento a mi mejor amigo alemán Gerhard Reuschel lo que había descubierto se desternilló de la risa y me aseguró que me iba a dar algunas de esas calcomanías, no sin antes aclararme en broma que no quería verme a la par de los “mongoles”. A partir de aquel día el pinareño se despegaba del pelotón de los mongoles terminando también bastante rápido aunque nunca como los germanos. Una prueba más de que los pinareños, aunque no seamos arios, podemos superar a los descendientes de Genghis Khan.
Gerhard Reuschel, más que un amigo y colega, se convirtió en un hermano para mí. Todos los fines de semana cenábamos juntos y su esposa Regina se desvivía en atenciones. Aunque el Gobierno cubano y de Alemania del Este a través de la Stasi y la CIM prohibía los contactos personales entre los oficiales de ambos países siempre nos la arreglamos para mantener comunicación al concluir nuestros estudios en la Academia Superior de Guerra.
Mi mayor sorpresa la tuve cuando nos encontramos a fines de los años setenta en el lago Balatón en Hungría. Yo le había comunicado que viajaba de vacaciones a dicho lago por quince días y se las arregló para conducir desde Alemania hasta Balatón y encontrarnos en la residencia de László otro viejo amigo húngaro de la academia Yuri Gagarin.
Como en toda velada donde se reúnen viejos camaradas terminamos inevitablemente en el tema político. A mí ingenuamente se me ocurre decirle a Gerhard que yo consideraba que la RDA había sido exitosa en la construcción del socialismo. Que a pesar de haber sido destruidos durante la II Guerra Mundial y haber tenido que reedificar todo el país, que había quedado en ruinas, habían logrado un aceptable nivel de vida, eliminando incluso la libreta de racionamiento. Sin embargo nosotros en Cuba continuábamos con nuestras penurias y no se avizoraba luz alguna al final del túnel.
— “¿Qué han hecho ustedes que no hemos hecho nosotros?”, les pregunté.
Se miraron uno a otro y rompieron a carcajadas.
— “Nada, Rafael, no hemos hecho nada diferente, es la misma mierda que tienen ustedes.”
Me quedé frío. Hasta pasadas las tres de la mañana escuché historias increíbles que a veces me hacían dudar de su veracidad.
Al caer el muro de Berlín mi amigo Gerhard era ya general igual que yo y estaba al frente de la 1era División DAFFAR, encargada de la defensa aérea de la región más importante de la República Democrática Alemana. Al ocurrir aquel histórico acontecimiento grupos de ex oficiales en retiro acudieron a su cuartel general para solicitar armas en defensa del régimen. La actitud firme de Gerhard impidió un posible desenlace fatal y logró convencer a todos aquellos hombres que los cambios que se sucedían vertiginosamente salvarían a la nación. Estaba en lo cierto.
Al unificarse Alemania, muchos de los altos oficiales permanecieron en sus puestos, especialmente los pilotos de los MiG-29 que pasaron a formar una unidad especial de la OTAN encargada de simular la aviación enemiga durante ejercicios y entrenamientos. Mi amigo Gerhard pasó a retiro y abrió una exitosa empresa de consultoría en la ciudad de Odesa en Ucrania. Para todos hubo un día después y sus vidas cambiaron para mejor, mucho mejor que la que vivían bajo la camisa de fuerza y la mordaza. Mi otro afecto, el Coronel Udo Sadzu, jefe de los MiG-29ª, cruzó repetidas veces el Atlántico con sus aviones para realizar ejercicios conjuntos con los F-15 de la USAF. En 2003 los alemanes recibieron los nuevos Eurofighters Typoon, los MiG-29A fueron vendidos a Polonia y en el ese mismo año realizaron el ejercicio “Sniper 2003” en la base aérea de Eglin en la Florida como despedida de los Mig-29.
Me contaba Gerhard que después de mi ruptura con el régimen castrista la Stasi no le perdía ni pie ni pisada. Ellos sabían que éramos grandes amigos y era lógico que así sucediera. Lo que no sabía la Stasi era que había sido precisamente Gerhard desde aquel encuentro en el lago Balatón quien había encendido la chispa que condujo a mi despertar.
Mi amigo perdió la vida en un accidente automovilístico el 9 de junio del 2002. Estas son las horas que un viejo camarada no lo olvida.
lunes, 8 de octubre de 2012
EL OUT VEINTISIETE
En la Fuerza Aérea siempre mantuvimos una buena relación con los
compañeros de Tropas Especiales del MININT. Ellos utilizaban
nuestros servicios para el lanzamiento de los paracaidistas en
sus prácticas, cuando necesitaban algún helicóptero se lo
proporcionábamos o, como sucedió al principio de la guerra de
Angola, nuestros aviadores movían a los hombres de Tropas
Especiales de una punta a otra del país, jugándose el pellejo
junto con ellos. Este tipo de relación fortaleció esa amistad
aún después que algunos de sus principales oficiales y jefes
pasaron a otras funciones más importantes.
En otras oportunidades fuimos nosotros los que tuvimos que
recurrir a ellos para que nos dieran una mano con algunos de sus
bien entrenados hombres. Este fue el caso de la recuperación de
la “caja negra” de un MiG-23 en que había perdido la vida el
Teniente Coronel José Febles al sur de la Playa Tomate, muy
cerca de Batabanó, cuando en un viraje a muy pequeña altura
metió la punta del ala izquierda en el agua y se estrelló. Toda
esa región muy cenagosa hacia extremadamente difícil localizar y
extraer la caja negra que nos ayudara a descifrar que había
ocurrido.
En esa época mi amigo Tony de la Guardia había pasado ya al
departamento MC, y entre las empresas que controlaba estaba “Carisub”,
integrada por los mejores buzos con que contaba Tropas
Especiales, dedicada a la búsqueda de tesoros en el Caribe. Lo
llamé explicándole la situación que teníamos y al día siguiente
estaban en la base aérea de San Antonio de los Baños los buzos,
que antes de las 48 horas nos entregaban la famosa caja negra.
Hago esta corta introducción para que se tenga una idea del
grado de camaradería y cooperación existente entre ambas
instituciones militares.
En una ocasión se nos ocurrió hacer una comprobación a la
disposición combativa del dispositivo de protección de los
aviones de combate en tierra. Tony me había contado cómo ellos
habían preparado a un comando salvadoreño para que penetrara en
la Base Aérea de Iolopango, en El Salvador, logrando volar con
explosivos varios aviones de combate. Pensando que eso mismo
pudiera ocurrir en nuestras bases, se preparó un ejercicio
sorpresivo, donde un grupo similar de nuestras tropas especiales
penetraría en la base aérea de San Antonio de los Baños y,
después de someter a las postas cubanas, simularían ejecutar la
acción.
En aquel entonces, durante la noche, cada dos refugios de
aviones se situaban postas móviles con soldados del servicio
militar general armados con fusiles AKA 47.
La comprobación se llevó a cabo sin problema alguno. No nos
sorprendió en lo absoluto que los comandos de Tropas Especiales,
con sus rostros pintados de camuflaje y su vestimenta idéntica a
los comandos norteamericanos, desarmaran a los soldados del SMO,
actuando uno por detrás, poniéndole un cuchillo en el cuello,
mientras otro de frente le arrebataba el fusil.
Lo que si nos dejó estupefactos fue lo que dijeron aquellos
jóvenes soldados a los “yanquis” agresores:
“¡No nos maten, coño, que llevamos ni se sabe qué tiempo
esperando por ustedes!”
No exagero, ni es mi intención ridiculizar la integridad de los
militares cubanos. Yo lo fui por treinta años, y presencié actos
muy valientes y heroicos en la guerra de Angola, donde incluso
hombres cercados por agrupaciones enemigas pedían a los
lanzacohetes múltiples BM-21 que hicieran fuego sobre sus mismas
posiciones, al estar combatiendo prácticamente cuerpo a cuerpo.
Pero el episodio que acabo de relatar sucedió exactamente así, y
sería injusto omitir un acontecimiento que por duro y
desmoralizante que resulte merece un profundo análisis; que
dicho sea de paso, no se hizo en aquella oportunidad, y en su
lugar fueron sancionados severamente el Coronel Arnaldo Torres
Biart, jefe de la base aérea, el sustituto para el trabajo
político, y otros oficiales.
No estamos hablando de la difícil época del periodo especial, ni
de la situación de desesperanza que envuelve a toda la juventud
cubana hoy en día: estamos hablando en pleno reinado de las
“vacas gordas”, donde la ininterrumpida tubería de todo tipo de
subsidio proveniente de la URSS y sus satélites estaba a
tutiplén.
Sin ningún ánimo tampoco de defender al jefe de la base aérea y
demás oficiales con mando que fueron sancionados a rajatabla por
ser los jefes máximos de la unidad militar, la medida fue
tremendamente injusta, pues los jefes nunca han sido los que
eligen que reclutas van a servir en sus unidades, por muy
sensitivas e importantes que sean, como la principal base aérea
del país. Ni nunca ningún jefe de unidad militar lo hará, porque
sencillamente siempre han sido los oficiales de la
Contrainteligencia militar (CIM) los que han hecho estas
selecciones, pasando por un “extrafino filtro” a los jóvenes
destinados a este tipo de unidades.
La selección realizada por la CIM nos dice a su vez que dichos
jóvenes eran hijos de familias “revolucionarias”, que sus padres
estaban “integrados”, que no tenían ninguna creencia religiosa,
y que sus amistades eran también jóvenes confiables, porque le
revisan hasta el día en que dan los primeros pasos.
Y por si alguien piensa que exagero les citaré solo un ejemplo
entre muchos, el del piloto José Luis Trelles, graduado en la
promoción de Krasnodar en la URSS como piloto de MiG-21 en 1968,
con medalla de oro y primer expediente. Fue bajado de vuelo
definitivamente cuando la CIM descubrió que sus padres le habían
sacado pasaporte cuando era un niño de tres años de edad. (Los
padres de Trelles nunca llegaron a emigrar).
Me surge una lógica interrogante: ¿por dónde estará la
disposición y moral combativa en esta etapa involutiva de toda
la sociedad cubana, si hace más de 26 años ya aquellos reclutas
estaban esperando a los “yanquis” agresores, no precisamente
para enfrentarlos?
Las fuerzas armadas como conglomerado humano dentro de esa
sociedad en regresión también se detienen y retroceden en todos
los órdenes: tecnológico, político, económico y moral. Y me
consta que empeora por día.
En una era donde ya los países más avanzados desarrollan
aceleradamente la guerra robótica, donde las computadoras ocupan
un primer plano en la planificación y ejecución de las acciones
combativas, las FAR se consumen en el canibalismo tecnológico
para poder mantener operables armamentos obsoletos, puestos en
servicio hace más de medio siglo.
Los tanques T-55 comenzaron a rodar sus esteras en la URSS en
1955, hace 57 años; el T-62, hace 50 años; y lo más moderno, el
T-72, ya tiene 40 primaveras. Con estos tarecos ni siguiera se
puede contener una insurrección popular armada solo con fusiles,
como se está demostrando ahora en Siria.
He puesto como ejemplo solo los tanques por ser un amasijo de
hierros, con más posibilidades de duración, aunque sean un tiro
al blanco en el terreno. De la aviación y las tropas coheteriles
antiaéreas, totalmente obsoletas, es mejor ni hablar:
prácticamente ni existen.
Todo esto lo saben perfectamente los militares cubanos, que se
sienten tan o más oprimidos que el resto de la población, y
optan por el recurso de la doble moral con que el pueblo esconde
sus verdaderos sentimientos. ¿Los embargará el sobresalto y la
angustia, como nos ha sucedido a muchos altos oficiales a medida
que pasa el tiempo y continúan viendo cómo los que han destruido
la nación pretenden eternizarse en el poder, sin propiciar una
salida honrosa al desastre que crearon en medio siglo de
disparates?
Difícil tarea la de los gobernantes cubanos: el tratar de
convencer a la joven oficialidad de las fuerzas armadas que,
siendo nuestro país una isla sin fronteras, sin litigios de
mares territoriales, sin recursos naturales, con más de once
millones de habitantes en la más completa miseria, exista una
potencia extranjera con intenciones de hacerse cargo de esas
penurias. ¿Podrá el gobierno cubano convencerlos que viren sus
armas contra el pueblo cuando los efectivos del Ministerio del
Interior sean incapaces de contener la ira popular?
En los últimos años he tenido la oportunidad de visitar y
conocer de primera mano las experiencias que muchos de mis
amigos, que fueron oficiales y jefes del desaparecido Pacto de
Varsovia, y con los que compartí las aulas de las academias
militares de la extinta Unión Soviética, me han hecho saber
sobre la transición de sus respectivos países hacia la
democracia. Curiosamente, en ninguno de ellos, absolutamente en
ninguno de ellos, los regímenes comunistas que imperaban
pudieron convencer a las fuerzas armadas para que reprimieran al
pueblo, cuando la policía y los órganos de seguridad del Estado
se vieron imposibilitados de contener las demostraciones
populares.
Aquellos gobiernos y partidos únicos llegaron a perder tanta
legitimidad que, por ejemplo, cuando la dirigencia golpista
contra Gorbachov en la URSS le ordenó a la División Blindada
Tamánskaya, encargada de la defensa de Moscú, que penetrara en
la ciudad para apoyarlos, el pueblo montó en sus vehículos
blindados y abrazándose a los militares iniciaron el principio
del fin de la gran pesadilla comunista.
¿Habrá hoy en Cuba oficiales como el mayor Evdokímov, jefe del
batallón de tanques de la División Tamánskaya, que había
recibido la orden de rodear la “Casa Blanca”, donde radicaba el
parlamento de la Republica Socialista Federativa Rusa, desde
donde Boris Yeltsin se enfrentaba a los golpistas ultra
reaccionarios del Partido Comunista? ¿Habrá oficiales como éste,
que sin vacilar declaró su lealtad a Boris Yeltsin, poniéndose
al lado del pueblo, permitiéndole trepar a uno de sus tanques
para que se dirigiera a la multitud y a toda Rusia por la
televisión estatal? Por supuesto que los hay.
¿Aceptarían oficiales y soldados del SMG ver al pueblo cubano
subir a sus tanques y colocar un clavel en los cañones de los
fusiles, como ocurrió en Portugal cuando la feroz dictadura de
Marcelo Caetano sacó las tropas a la calle para reprimir al
pueblo? Por supuesto que lo aceptarían.
Para la oficialidad de las fuerzas armadas, cuya mayoría está ya
integrada por hombres nacidos después de 1959 y para esos
reclutas de hoy nacidos mucho después del comienzo del fatídico
“Periodo Especial”, indudablemente habrá un día después, como lo
hubo en toda Europa del Este.
A pesar de las marcadas diferencias entre culturas, costumbres e
idiosincrasias, entre rusos, portugueses, alemanes o rumanos, a
la hora decisiva, de la verdad, todos se pusieron al lado del
pueblo.
Lo mismo el soldado alemán que soltó el AKA-47 y tomó la
mandarria para, junto a sus compatriotas, terminar de derribar
el muro de Berlín, que el jefe del batallón de tanques que
invitó a Yeltsin a que subiera en uno de sus vehículos, que los
hombres del mayor Otelo Saraiva de Carvalho en el cuartel de la
Pontinha, en Lisboa, o que los militares rumanos que el 25 de
diciembre de 1989 juzgaron y condenaron a muerte a Nicolae y
Elena Ceauşescu. Todos se pusieron al lado de sus pueblos.
Desgraciadamente la élite aferrada al poder en Rumania no tuvo
la visión de que les llegaba el final, y tuvieron que pagar muy
caro la tozudez.
Los cubanos que, aunque quizás no rompamos los records de las
intolerancias, sí tenemos un prominente puesto en los primeros
lugares, deberíamos aprender de estas lecciones.
Si algo nos ha hecho tanto daño en toda la historia de nuestra
nación ha sido el falso concepto de “salvar la cara” ante la
necesidad de corregir nuestros propios errores. La intolerancia
ha derrotado siempre al arte de la negociación, y cuando se
fracasa, la culpa se les achaca a otros, o se buscan chivos
expiatorios para explicar los desaciertos.
Cuando los fracasos son rotundamente incuestionables, se le echa
mano al recurso de que hemos estado en la vía justa y correcta
de proceder, solo que “se necesita actualizar el modelo”.
Mientras el país continúa cayéndose a pedazos sin ningún atisbo
de posible recuperación, utilizando las bases corroídas en medio
siglo de fracasos, permanece en pie el complejo de leyes,
decretos y disposiciones que son la antítesis de cualquier
posibilidad de avance.
No es necesario extendernos en explicar porqué. Ellos lo saben y
lo sabe el mundo entero.
Sin embargo creo que tienen en sus manos una última posibilidad
de ejecutar lo que es necesario, y a la vez “salvar la cara”,
ese maldito complejo que troncha cualquier posibilidad de
negociación y avance.
El gobierno cubano suscribió el 10 de diciembre del 2008 el
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales, y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos. Solo falta su ratificación por parte de la Asamblea
Nacional del Poder Popular. Si esto se hace con toda la seriedad
y responsabilidad que merece, automáticamente se puede ir
desmantelando todo lo que contradiga dichos acuerdos. Nuevas
leyes, por lo general, contravienen a las viejas.
La primera oportunidad de salvar al país la tuvieron cuando
desapareció el mundo comunista.
La segunda cuando el comandante se dio el autogolpe de Estado,
cambiando la constitución.
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